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Los últimos años de Karl Böhm

 

Es un hecho que la apreciación crítica de los intérpretes musicales clásicos cambia extraordinariamente a lo largo del tiempo. Lo que hoy parece una interpretación indiscutible para la crítica, puede convertirse fácilmente dentro de diez años en una versión del montón, no digamos si entre medio han aparecido nuevas teorías sobre la manera en que deben interpretarse ciertos repertorios. A este respecto, los años ochenta y noventa fueron especialmente comnplejos y vieron caer algunos de los grandes estandartes de la interpretación clásica incontestados hasta hacía relativamente poco tiempo. El hecho de que figuras como Wilhelm Furtwängler, Otto Klemperer, Hans Knappertsbusch, Alfred Cortot o Claudio Arrau, por citar sólo algunos ejemplos, permanezcan como referentes a pesar del tiempo transcurrido, prueba la valía de estos colosos frente a todos los demás intérpretes.

Karl Böhm fue uno de los directores más perjudicados, en un determinado momento, por el cambio de actitud de la crítica. Nacido en 1894, fue un director de extraordinario oficio, criado a la manera antigua en los fosos de ópera, primero en Graz (su ciudad natal), luego en Múnich bajo la supervisión de Bruno Walter y después como director titular de los teatros de ópera de Hamburgo, Dresde y Viena, estos tres últimos cargos ocupados a lo largo del período nazi en Alemania. Tras la guerra y el consiguiente proceso de desnazificación (al contrario que Wilhelm Furtwängler, Karl Böhm había sido un convencido partidario de la ideología racista del Partido), el director austríaco recuperó temporalmente la dirección de la Staatsoper de Viena, preparando la temporada de la apertura del teatro en la Ringstrasse con extraordinaria inteligencia, para poco después abandonar el cargo y llevar una vida confortable como director invitado. Empuñó Böhm la batuta en todos los teatros importantes y al frente de las orquestas más prestigiosas, llevando al mismo tiempo una actividad discográfica constante desde finales de los años cincuenta hasta su muerte. Básicamente, grabó para la D.G., aunque también pueden encontrarse discos oficiales con su firma en Decca y Emi. Aunque murió en 1981 en lo máximo de su prestigio, la llegada de los intérpretes historicistas a algunos de los compositores que más fama habían dado a Karl Böhm hizo que la crítica dejara de lado las interpretaciones de este director, para nuestro gusto de manera injusta.

En la caja que nos ocupa, la D.G. ha presentado en 22 CDs las interpretaciones de obras orquestales y sinfónico-corales grabadas por Karl Böhm en sus últimos años de vida. Se trata de un lanzamiento asombroso porque, aunque muchas de estas grabaciones han contado durante años con el favor de críticos influyentes, la mayor parte de estas tomas estaban fuera de circulación (al menos en soporte físico), y han permanecido menos conocidas que las grabaciones que el propio Karl Böhm había realizado del mismo repertorio previamente. Lo que emerge en estas grabaciones es un intérprete experimentado, sabio, que trata de penetrar con toda su paciencia en los misterios de cada obra. En resumen, hablamos de un estilo de dirección contrario en muchos casos a lo que hoy se estila.

Así, por ejemplo, uno de los compositores con los que más se ha asociado siempre a la figura de Karl Böhm es Wolfgang Amadeus Mozart, de quien el director austríaco grabó el primer ciclo de sinfonías digno de tal nombre, pues Erich Leinsdorf, en su ciclo de sinfonías 1-41, grabó algunas obras que no salieron de la pluma de Mozart y omitió algunas sinfonías que sí eran auténticas. Del compositor salzburgués se incluyen en la caja que comentamos interpretaciones de las sinfonías números 29, 35 y 38-41, todas ellas con la Filarmónica de Viena. Son interpretaciones que apenas se han conocido en los últimos años. Cada vez que la D.G. compilaba sinfonías de Mozart por Karl Böhm recurría a la integral de los sesenta, y sólo una minoría de estas interpretaciones vieron la luz en un disco de la serie Entrèe, de manera que, por primera vez en mucho tiempo, podemos disfrutar de todas ellas en una misma caja.

El Mozart de Karl Böhm no varió mucho conforme avanzaba el tiempo, pero estas grabaciones muestran la quintaesencia del estilo directorial del austríaco en este repertorio. Estamos ante versiones de incontestable equilibrio clásico, de tempi generalmente lentos y que, en ocasiones, despliegan una pátina de “versiones de viejo profesor” que, si en los años sesenta y setenta suponía una alternativa a la insinceridad de los planteamientos de Karajan, fue después considerada como una rémora por la crítica que, lamentablemente, no quiso ver la innegable musicalidad y el desarrolladísimo sentido del lirismo y del drama que hay en estas versiones.

La mayor parte de estas interpretaciones alcanza un hnivel más que destacable. La que no ha sobrevivido tan bien al paso del tiempo ha sido la versión de la Sinfonía número 29, cuya arquitectura parece desmoronarse en momentos puntuales como el desarrollo del primer movimiento. Sin embargo, nosotros creemos que las versiones de las sinfonías números 38 y 39 pocas veces han sido superadas, (en este último caso, tal vez sólo por Furtwängler y Walter), y la Sinfonía número 40 no tiene nada que envidiar a ninguna otra grabación de la obra. Por eso, es incomprensible que los adalides de la autenticidad hayan pasado por encima unas versiones que todo buen aficionado a Mozart debería conocer. Todo esto por no citar esa referencia absoluta que es la versión aquí incluida de la Pequeña música nocturna y de la Música para un funeral masónico. La primera, impecablemente construida y explicada, es de una claridad desarmante y destaca por la poesía del Adagio; la segunda, sobria como pocas, no cede ante ninguna otra versión que se nos pudiera ocurrir.

También incluye este cofre una monumental interpretación del Requiem de Mozart, tomada con la Orquesta Filarmónica de Viena y un reparto vocal encabezado por Edith Mathis. Esta versión sí estaba disponible en catálogo, aunque a precio alto, y nos muestra a un director sobrio, que ofrece una versión dramática pero de serena belleza. Francamente, creemos que pocos directores han sabido hacer más justicia a una obra como ésta. Dejando de lado a quienes han seguido, en todo o en parte, los postulados historicistas, creemos que esta interpretación es de las mejores que se han grabado, junto a las de Bruno Walter (Sony) y Herbert von Karajan en los años sesenta (D.G.).

Otro de los compositores con los que siempre se asoció a Karl Böhm fue Ludwig van Beethoven, de quien el austríaco grabó un ciclo sinfónico completo a comienzos de los setenta junto a la Filarmónica de Viena. De este ciclo, que resulta en su conjunto algo irregular, siempre se ha destacado la interpretación de la Sexta Sinfonía, sin duda un clásico de la fonografía por su magnífica construcción formal y su indudable contenido poético. En esta caja no se incluye dicho ciclo, hace poco reeditado en la serie Collectors Edition, sino la otra Novena grabada oficialmente por el austríaco, una interpretación más otoñal y nostálgica que la anterior, que destaca sobre todo por un Adagio en el que, por sus tiempos extraordinariamente reposados, se reconoce la influencia de Furtwängler. Entre los cantantes, es de destacar la presencia de Plácido domingo, que como era habitual entonces, no pronuncia el texto alemán con suficiente claridad. Con todo, estamos ante una importante versión de la obra, sin duda comparable a la que ofreció Leonard Bernstein en su segundo ciclo (D.G.), y desde luego muy superior a versiones de directores más celebrados en este repertorio, como Karajan.

Karl Böhm ya había realizado una grabación de la Misa Solemnis de Beethoven a mediados de los años cincuenta con la Orquesta Filarmónica de Berlín. Aquella versión, de tempi bastante urgentes, se encuentra hoy sólo en la caja con la que la D.G. celebró el centenario de su primera colaboración con la Orquesta Filarmónica de Berlín. A su lado, la grabación posterior realizada con la Filarmónica de Viena aquí incluida siempre ha quedado algo diluida en el conocimiento público. Sin embargo, esta interpretación vienesa es mucho mejor. Todo suena más reposado y los momentos líricos ganan considerablemente, sin que se pierda dramatismo ni intensidad. Al contrario que entonces, las voces de los solistas están aquí captadas de una manera mucho más natural, no tan cercana como en la toma berlinesa, lo que ayuda a distinguir de manera más exacta la calidad del fraseo. El equipo vocal es muy compacto, igual que el coro y la orquesta. Esta última realiza una labor excelente, aunque se echa de menos el amargor de las maderas y los metales de la versión de Otto Klemperer (Emi), la referencia indiscutible de la obra. Esta versión de Karl Böhm es sin duda digna de consideración entre las mejores cuatro o cinco Solemnis de la historia grabada (las otras serían el mencionado Klemperer, Bernstein, Toscanini y tal vez Giulini).

Se ofrecen asimismo en esta caja las versiones de oberturas beethovenianas que también se incluían como complemento en la Collectors Edition al lado de las sinfonías. Son interpretaciones reposadas, extraordinariamente construidas y, desde luego, no carentes de garra ni dramatismo. Aquí el estilo del director austríaco nos recuerda al del viejo Klemperer por la severidad del concepto general, aunque el dulce sonido de la Filarmónica de Viena no tiene muchos elementos en común con el de la Orquesta Philharmonia del alemán. Aunque faltan algunas oberturas, las ausencias no son importantes y la extraordinaria calidad media de las interpretaciones hace de esta compilación una de las mejores para conocer estas obras.

No se asocia en general tanto a Karl Böhm con la obra de Haydn. Tanta dedicación a la música de Mozart parece haber impedido que el director austríaco dedicara más tiempo al padre de la sinfonía. Con todo, su grabación más famosa de obras de Haydn es el doble disco que incluía las sinfonías intermedias entre las de París y Londres (números 88-93), más la Sinfonía concertante. Recientemente, estas interpretaciones estuvieron disponibles en un cofre de 50 CDs dedicado a la Filarmónica de Viena, y ahora aparecen nuevamente en el cofre que nos ocupa, aunque todavía no se ha realizado una edición en un doble CD. Estas versiones se caracterizan por un cierto distanciamiento expresivo. En efecto, no se puede decir que haya carencia de lirismo o de sentido cantábile, pero prima una sensación de viejo profesor explicando la lección a alumnos traviesos. Esto es aplicable a todas las versiones, y como no hay caídas de tensión en ningún momento, el resultado adquiere muchas veces un interés considerable. Por tanto, para quienes deseen disponer de una buena versión de estas sinfonías intermedias, posiblemente sea ésta la mejor opción.

Aunque en nuestro tiempo es relativamente habitual encontrar a directores “enciclopédicos schubertianos” (Harnoncourt, Abbado, Norrington), esto no era ni mucho menos frecuente en los años cincuenta y sesenta. Fue Karl Böhm el primer director que grabó un ciclo Schubert íntegro, y el resultado se encuentra aún hoy en una importante caja de la Collector’s Edition de la D.G. Este ciclo destaca sobre todo por las interpretaciones de las sinfonías Cuarta, Octava y Novena y, como ocurría con las interpretaciones mozartianas con la misma Orquesta Filarmónica de Berlín, han suplantado a algunas versiones posteriores de Böhm más acabadas. Estas tres interpretaciones son poco conocidas en España, aunque la versión de la Quinta acompañaba a las grabaciones de la Tercera y la Incompleta por Carlos Kleiber en el referido cofre dedicado a la Filarmónica de Viena.

Quienes no conozcan la versión de la Quinta Sinfonía aquí incluida, no deben desaprovechar la oportunidad. El sedoso sonido de las cuerdas de la Filarmónica de Viena y la dulzura de las intervenciones de las maderas ayudan a Böhm a construir una versión de tempi en general muy lentos, que contribuyen a crear un extraordinario sentido poético. Para quien esto escribe, estamos ante la referencia absoluta de esta sinfonía. Parecidas cualidades muestra también la interpretación de la Sinfonía Incompleta, tomada aquí sin duda de una grabación en público, como bien muestran las toses audibles en determinados momentos del primer movimiento. El resultado, teniendo en cuenta los tiempos relativamente lentos de Böhm, termina sonando más a Brahms que a Schubert, pero se agradece ese grado extra de calidez y, al menos para nuestro gusto, la interpretación resulta extraordinaria. Si no llega al nivel de Furtwängler o Klemperer, sí es netamente superior a los Karajan o Bernstein de turno. Eso sí, absténganse los historicistas y los impacientes; esta versión no tiene esa inmediatez, esa garra que hoy muchos piden en la sinfonía que Schubert empezó pero no concluyó.

La versión de la Novena Sinfonía es bastante irregular. El primer movimiento empieza con una introducción grave y majestuosa y no carece de impulso, pero algunas transiciones parecen un tanto caprichosas. El segundo movimiento se toma con bastante ligereza, en muchos momentos excesiva; hay momentos de fraseo magnífico, como justo en la melodía de los violonchelos que surge después del clímax, pero no resultan suficientes para mantener el nivel. Los otros dos movimientos son mejores y sí están a la altura de lo que podría esperarse de Böhm, pero en conjunto la interpretación tomada del ciclo completo es manifiestamente superior.

Karl Böhm fue frecuentemente apreciado por sus interpretaciones wagnerianas, y algunas de sus grabaciones en este terreno han adquirido justa fama (Tristán, el Anillo). Al final de su vida, el director austríaco grabó una compilación de preludios y oberturas de Wagner con la Filarmónica de Viena que desde entonces fue muy afamada, pero que nunca se publicó completa en CD. Sólo en esta caja podemos escuchar esta recopilación en su integridad y apreciar un nivel medio más que considerable. Es cierto que algunas de las oberturas que requieren más dramatismo se quedan algo cortas (El holandés errante), y que otras pueden resultar algo académicas (Los maestros cantores, aunque la sección central de esta última es inusualmente otoñal). Pero dentro de esta compilación hay algunas versiones admirables. En particular, nosotros destacamos el preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda, una especialidad de la casa, en donde Böhm está mucho más poético y lírico que en la grabación oficial más conocida procedente de Bayreuth (D.G.), lo que hace que la postrera grabación de estudio sea mucho más interesante.

Muchas veces se ha alabado asimismo el Bruckner de Karl Böhm, en particular la versión de la Cuarta Sinfonía que el director austríaco grabó con la Filarmónica de Viena para el sello Decca. Nosotros no compartimos este entusiasmo por aquella interpretación, que nos parece en ocasiones algo pesante. Esta caja no incluye la interpretación a la que hacíamos referencia, sino la versión de la Séptima Sinfonía grabada años después con la orquesta vienesa y que hace años circuló en España en una colección de fascículos (y antes en la serie Galleria). Esta interpretación tiene una pátina de nostalgia y renuncia al drama y al apasionamiento que el propio Böhm demostrara en sus años juveniles. Esto hace que la versión resulte algo académica, pero la hace especialmente afortunada para quienes quieran acercarse a Bruckner por primera vez, especialmente para quienes no conozcan bien la obra de Wagner o Mahler. En todo caso, las referencias están en otro lugar: Furtwängler, Knappertsbusch, Horenstein, Barenboim en su grabación más reciente, etc.

El repertorio de los Strauss vieneses no fue tampoco ajeno a Karl Böhm, como se demuestra en este cofre. El director de Graz jamás se encargó del Concierto de Año Nuevo, pero demuestra una comprensión perfecta del universo de los Strauss vieneses, aplicando muy bien el rubato y construyendo con mano maestra las introducciones sinfónicas de los valses, particularmente Rosas del Sur y el Vals del Emperador. Quienes estén acostumbrados a la manera en que hoy se escucha esta música vienesa, tal vez se sorprenderán de la relativa lentitud de las polkas rápidas, pero una audición más atenta de Perpetum mobile puede convencerles del sentido del humor que este enfoque le permite a Karl Böhm. Pueden encontrarse en el mercado recopilaciones más completas de estas músicas (Willy Boskovsky en Decca) o interpretaciones más geniales y atrevidas (Knappertsbusch en Decca, Klemperer en Emi y Fricsay en D.G., sin contar los Conciertos de Año Nuevo de Carlos Kleiber, Herbert von Karajan y el último de Daniel Barenboim), pero será difícil encontrar discos Strauss que incluyan las obras fundamentales de la dinastía en interpretaciones tan acabadas y perfectas desde el punto de vista técnico, y por supuesto, sin el embaramiento de muchos directores actuales famosos que se enfrentan a estas obras. Lo sorprendente es que esta compilación no estuviera disponible en CD.

Por último, Karl Böhm fue amigo personal de Richard Strauss y siempre fue reconocido por sus interpretaciones de la música del compositor bávaro. Aunque Karl Böhm dedicó muchas energías a los poemas sinfónicos de Richard Strauss, sólo dejó dos grabaciones oficiales de Una vida de héroe, de las cuales la más antigua, tomada junto con la Staatskapelle de Dresde, ha sido siempre más conocida. La toma dresdense puede encontrarse en una caja de la serie Original Masters junto con otros poemas sinfónicos de Richard Strauss y obras de Mozart y Weber, así como en un estuche de la Collector’s Edition sólo con más música de Richard Strauss. Es una interpretación muy idiomática e impulsiva. Esta versión con la Filarmónica de Viena está más madurada y pensada y, sobre todo en la sección final, resulta más otoñal y melancólica, razón por la cual a nosotros nos parece mucho más interesante. Dejando de lado la grabación del propio Strauss, un documento que hay que conocer, esta versión está entre las mejores de la discografía junto con la más reciente de Daniel Barenboim (Decca), y versiones como las de Clemens Kraus o Fritz Reiner.

También encontramos en esta caja interpretaciones de obras de autores menos frecuentados por Karl Böhm. El primero de estos ejemplos sorprendentes es la interpretación de la Cuarta Sinfonía de Schumann, que se nos ofrece aquí en una grabación en directo hasta ahora no disponible en formato físico. La versión resulta muy sorprendente para la época ya que, en contra de lo que entonces se estilaba al interpretar la música de este autor, Böhm no carga las tintas ni subraya la densidad de la orquestación, sino que sabe alcanzar un punto de equilibrio casi perfecto entre profundidad y ligereza de articulación, sin necesidad de tener que recurrir a tempi excesivamente veloces. La versión funciona muy bien en su conjunto, como es condición indispensable en una obra cuyos cuatro movimientos deben tocarse sin pausa, pero el gran momento culminante es la transición del tercero al cuarto, en la cual Böhm va desplegando poco a poco un crescendo orquestal extraordinariamente construido. Aunque el tempo en el movimiento lento puede parecer demasiado moroso, estamos ante una de las grandes interpretaciones de la obra, sólo un peldaño por debajo de las míticas de Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Berlín (asimismo en D.G.), y la de Otto Klemperer con la Philharmonia (Emi). Dado que no existe una integral que pueda considerarse de referencia para el ciclo Schumann (tal vez la reciente grabación de Sir Simon Rattle o los históricos ciclos de Klemperer, Sawallisch o Kubelik son los más cercanos a ello), lamentamos profundamente que, al igual que Furtwängler, Karl Böhm no ahondara más en la música de este autor.

Otro ejemplo ilustrativo es la versión de la Novena Sinfonía de Dvorák, que aquí se nos presenta en una interpretación crepuscular, otoñal y melancólica. El segundo movimiento se ha escuchado pocas veces paladeado con más detenimiento, pero Böhm no tiene problemas en mantener la tensión requerida. El resultado es una versión que no suena a Dvorák, o por lo menos no al Dvorák más folclorizante al que nos han acostumbrado Kubelik, Szell o Kertész, pero que sí nos recuerda a Brahms y Bruckner, sacando un partido a la partitura insospechado para muchos oyentes. Así, la interpretación se coloca a la altura de las de los directores citados, Klemperer, Karajan, etc., aunque eso sí, hay que tomarse su resultado con mucha más filosofía.

Igualmente, se incluye la grabación que Karl Böhm realizó de las tres últimas sinfonías de Tchaikovsky con la Orquesta Sinfónica de Londres, un conjunto de versiones que llevaba mucho tiempo fuera de catálogo, al menos en soporte físico. Para nosotros esta ausencia resultaba incomprensible. Es cierto que al Tchaikovsky de Böhm le falta ese apasionamiento visceral que ofrecen directores como Mravinsky, pero en realidad tampoco es necesario llegar a estas cotas tan excesivas de intensidad. Karl Böhm prueba que es posible relacionar a Tchaikovsky con los autores de la herencia sinfónica del área centroeuropea, mostrar la arquitectura de la obra y plantear un Tchaikovsky otoñal, melancólico. Por eso destaca especialmente la versión de la Quinta Sinfonía, una obra que permite especialmente este tipo de acercamientos. Para nosotros, junto con Bernstein (D.G.) y con matices Klemperer (Emi), sería este el ciclo de referencia para las tres últimas sinfonías de Tchaikovsky si lo que pretendemos es una visión occidental del conjunto; por supuesto, Igor Markevitch sería nuestro modelo entre los directores rusos, pero lamentablemente sus versiones apenas se encuentran hoy.

En conjunto, estamos por tanto ante un álbum de conocimiento obligado para los admiradores de Karl Böhm, entre los cuales nos contamos, que encontrarán en esta caja muchas grabaciones que, hasta ahora, era prácticamente imposible reunir en CD. No obstante, nosotros creemos particularmente que, más allá de la afinidad estética con Karl Böhm, hay razones más que suficientes para hacerse con este cofre. Muchas de estas versiones, si no siempre referenciales, son al menos dignas de ser examinadas y escuchadas con detalle. Honestamente, creemos que muchos intérpretes actuales que creen conocer todo gracias a los descubrimientos de los “históricamente informados”, podrían aprender mucho de estas realizaciones procedentes de los últimos años de un director tan extraordinario, seguro y genial como era a su manera el gran Karl Böhm.

 

 

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