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Clásicos vieneses en verano

 

El verano es una época propicia para retomar proyectos y, con más tiempo, recuperar algunas viejas ideas que se nos quedaron pendientes a lo largo del curso. A lo largo de este verano, por ejemplo, el firmante está escuchando una variedad de cosas bastante considerable: algunas grabaciones no especialmente conocidas de Leonard Bernstein interpretando cosas como Carmen de Bizet o la Novena Sinfonía de Bruckner, parte del Mahler de Pierre Boulez, en particular una Sexta impresionante de la que tal vez haya ocasión de hablar, sinfonías de Schumann en grabaciones modernas de las que próximamente escribiremos, etc. Pero también ha habido tiempo para escuchar algunas grabaciones, asimismo recientes, de las que en principio queríamos haber hablado ya durante el curso pero que en su momento no reseñamos. Son clásicos vieneses en grabaciones actuales, aunque tal vez alguna de estas obras parezca más propia, por tema y por título, de otra época del año.

Cuando se anunció que el tenor alemán Jonas Kaufmann iba a grabar el ciclo de lieder Viaje de invierno de Franz Schubert, buena parte de los aficionados empezamos a albergar ciertas reservas antes de escuchar. Los cantantes de ópera no suelen ser los intérpretes más adecuados de las canciones de concierto, porque la ópera requiere en general de una vocalidad mucho más expansiva que la canción. No es lo mismo enfrentarse a una orquesta verdiana o wagneriana que cantar una intimista canción con acompañamiento de piano, y sólo cantantes muy escogidos, (Hans Hotter, Dietrich Fischer-Dieskau, Elisabeth Schwarzkopf, Christa Ludwig y pocos más), han sabido en el pasado compaginar una carrera como cantante de ópera con una intensa actividad cantando lieder. Por lo demás, casi cualquier cantante moderno en el que podamos pensar destacará más en un ámbito u otro. Ramón Vargas o Joseph Calleja son cantantes de ópera “puros”, mientras que Gerald Findley o Chrisstian Gerhaher son básicamente cantantes de lieder, aunque hayan frecuentado los teatros de ópera.

El otro condicionante que nos inquietaba era la propia vocalidad de Jonas Kaufmann. El tenor alemán tiende, en muchos momentos, a una emisión artificialmente oscura, que por momentos no parece muy natural. Al comentar la grabación del Requiem de Verdi de Barenboim, por ejemplo, decíamos que el canto del tenor alemán resultaba de gran arrojo y elocuencia, pero su labor se veía conbdicionada por esa emisión oscura, no natural, que deslucía la interpretación. La falta de naturalidad, en un ciclo como Viaje de invierno, habría sido un pecado capital imperdonable; las melodías de Schubert, en general de una claridad prístina, no deben ser desfiguradas por interpretaciones excesivamente expansivas.

En ese aspecto, esta interpretación de la obra por Jonas Kaufmann es una sorpresa muy agradable. Ya desde los primeros compases de “Gute Nacht”, la primera canción del ciclo, se observa que el tenor alemán se esfuerza por buscar una naturalidad dentro del saber decir que requieren los textos de Wilhelm Müller. La emisión es efectivamente oscura, enfatizando los tintes más dramáticos de la parte, pero en ningún momento se fuerza al instrumento. Al cantar en muchos momentos con mayor intimismo, parece incluso que los problemas técnicos que a veces manifiestan las grabaciones de Kaufmann son menos evidentes. en algunas canciones en las que se requiere algo más de fuerza, aparece el tenor que conocemos por las interpretaciones de ópera, pero lieder como “Der Lindenbaum” o “Die Post”, son una lección de cómo deben interpretarse estas canciones.

Es probable que buena parte del acierto final que resulta este ciclo se deba a la intervención de Helmut Deutsch. No vamos a descubrir ahora la capacidad de este magnífico pianista, especializado precisamente en el acompañamiento de lieder. Baste decir que en esta ocasión realiza un recital absoluto sobre cómo debe interpretarse la obra. Siempre desde la naturalidad, Deutsch aporta matices, ilumina pasajes de la partitura, recordándonos el lirismo de la escritura pianística de Schubert pero sin olvidar la manera en la que el austríaco aprovechaba el acompañamiento para describir gráficamente lo que el texto nos aporta. Estamos ante uno de los grandes acompañamientos que se hayan grabado de esta obra maestra, y para quien esto escribe éste sería el principal argumento para que los interesados en los lieder de Schubert adquieran esta grabación.

Quienes sean admiradores de Jonas Kaufmann seguramente ya habrán comprado esta grabación; quienes no lo sean, tienen aquí una buena ocasión para reconciliarse con él. Quienes quieran una buena aproximación actual al Viaje de invierno y no se hayan iniciado aún en el apasionante mundo del lied alemán, también encontrarán aquí lo que buscan. De todas formas, más allá del excelente acompañamiento de Deutsch, las referencias para esta obra siguen siendo las de siempre. Entre los barítonos, Hans Hotter y Dietrich Fischer-Dieskau, (ambos con Gerald Moore); entre los tenores Peter Pears (con Britten, Decca); entre las voces femeninas, destacará siempre Brigitte Fassbaender. Como, salvo error u omisión, Sony no tenía ninguna interpretación registrada de esta obra, para ellos es una buena adición a su catálogo, pero nosotros no debemos perder la cabeza por la fama de un cantante como Kaufmann, que en todo caso ofrece aquí uno de sus mejores trabajos.

Uno de los discos clásicos, muy esperados por los aficionados a la música en todo el mundo, es siempre el Concierto de Año Nuevo ofrecido todos los años por la Orquesta Filarmónica de Viena. Es un concierto siempre refrescante, una cita anual obligada todas las mañanas del 1 de Enero, pero que normalmente no tendría mayor interés para nosotros. Las referencias para estos valses y polkas tan conocidos están siempre en grabaciones de directores como Boskovsky, Karl Böhm, Carlos Kleiber, Hans Knappertsbusch y algunos otros, pero desde luego no en los Conciertos de Año Nuevo de los últimos veinte años, excepción hecha de interpretaciones puntuales de Maris Jansons o Georges Prêtre. El propio Daniel Barenboim había hecho un Concierto de Año Nuevo de cierto interés en 2009, pero no había terminado de convencer. Como el argentino optó por destacar la vertiente más sinfónica de estas obras, Rosas del Sur fue una verdadera delicia, pero aunque los resultados fueron estimables, en lo sustancial no era un Concierto más interesante que los que se habían escuchado años atrás.

En 2014, todo fue diferente. Ya desde el propio día del Concierto nos pareció que éste era un Concierto destinado a ser recordado, y en efecto la grabación en disco ratifica nuestra opinión. Lo cierto es que Barenboim no sólo sigue creyendo en el potencial sinfónico de estas obras, algo muy evidente en Abrazaos, millones de criaturas o en Cuentos de los bosques de Viena, (este último la cima indiscutible de todo el concierto y una de las mejores versiones de la discografía). Barenboim resulta en 2014 mucho más espontáneo, más festivo y jubiloso. Ya se puede ver esto en la cuadrilla sobre temas de La bella Helena de Offenbach, pero también se puede ver en una gran interpretación de Sin problemas, o en una discutible versión de la Marcha egipcia. Además, también está ese extraordinario pasaje de Silvia de Delibes, que aquí suena con toda su elegancia y distinción.

En general, parece claro que Barenboim no llegará a ser nunca un straussiano ortodoxo, como sí lo eran en mayor o menor grado los directores que citábamos anteriormente. Sin embargo, Barenboim es un músico excepcional, y por consiguiente una vez que se adentra en cualquier repertorio puede resultar convincente. Por eso interesan estas interpretaciones, dando por descontado por supuesto el sonido noble, hermoso, redondo de la Orquesta Filarmónica de Viena. Como bloque, posiblemente sea el Concierto de Año Nuevo más interesante de los últimos veinte años. Se puede encontrar en DVD, Blu-Ray o CD, y en este último caso, incluso se puede adquirir una edición de lujo que incluye el programa de mano que se da a los espectadores en el concierto, sin duda para apaciguar a aquéllos que llevan muchos años esperando a que la suerte les depare entradas para el espectáculo.

Son dos discos muy recomendables, que realmente tienen mucho que disfrutar y son muy apropiados para este verano. No hay que perdérselos.

 

 

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