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Inusual

 

Miércoles, 18 de Mayo de 2016. Centro de Arte Contemporáneo de Huarte. Ensemble Espacios Tímbricos (Bea Monreal, oboe; Sergio Eslava, saxofones; David Johnstone, violonchelo). François Couperin: Le bavolet flotant, (arreglo para trío de oboe, saxofón y violonchelo de Irene Tsao), (1717). Yolanda Campos: Unidad triple y liviana, (2012). Espacios tímbricos, (2015). Paul Méfano: Periplo, (1978). David Johnstone: Balada y saxobello, (2016, estreno absoluto del díptico íntegro). Ignacio Fernández Galindo: Ignominia 1938, (2014). Georges Jean Pfeiffer: Tres hojas de álbum, Op. 47: Musette. Concierto organizado por el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte en celebración del Día de los Museos.

 

El repertorio musical clásico es amplio y diverso. A lo largo del tiempo, se han escrito obras para todo tipo de combinaciones instrumentales, incluidas las más peregrinas. Recordemos la parodia de las czardas de Monti basada en temas wagnerianos, compuesta para violín y tres fagotes, entre otras obras. La agrupación formada por oboe, saxofón y violonchelo no parecería ofrecer mayores posibilidades. Son tres instrumentos en principio monódicos, de sonido muy diferenciado entre sí y que teóricamente no empastarían fácilmente. Precisamente por esa razón no es abundante la literatura compuesta para esta formación, pero el conjunto que nos ocupa, que responde al nombre de Ensemble Espacios Tímbricos y que debutó en el Festival NAC del año pasado presentando la obra homónima de Yolanda Campos, no se ha arredrado ante estas dificultades. En esta ocasión, presentaban en el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte un programa lleno de propuestas interesantes, obras antiguas y modernas, convencionales y experimentales, para trío o para instrumento a solo.

Empecemos por estas últimas. Bea Monreal ofreció en primer lugar Unidad triple y liviana, un precedente a pequeña escala de Espacios tímbricos que explota todas las posibilidades del oboe, incluyendo multifónicos, armónicos y cuartos de tono. Esto último también rige para Periplo de Paul Méfano, mucho más audaz y complicada aún para el solista, en este caso Sergio Eslava, que en determinados momentos tiene que representar el oleaje marino en su diálogo con las sirenas de un barco. Por último, David Johnstone interpretó Ignominia 1938 de Ignacio Fernández Galindo, obra de escritura más convencional. Inspirada en la fuga frustrada del Fuerte de San Cristóbal acaecida en 1938, representa de manera quasi cinematográfica cada situación; por su concepción, podría parecer a pequeña escala un poema sinfónico romántico, aunque el lenguaje es más bien neoclásico, algo muy habitual en este compositor.

Como los tres intérpretes son muy diestros en las técnicas extendidas de sus instrumentos, consiguieron interpretaciones muy logradas.

Dejando al margen la obra de François Couperin que sirvió de calentamiento y las transcripciones finales, se presentaban dos obras importantes específicamente escritas para la agrupación. Espacios tímbricos ya se estrenó en Septiembre del pasado año, y nuestra impresión sobre ella no ha variado. Sigue asombrándonos la imaginación en el tratamiento de los tres instrumentos, la importancia otorgada a los silencios y la gran compenetración necesaria entre los miembros del conjunto. Respecto a Balada y saxobello de David Johnstone, difícilmente se puede encontrar una obra más contrastante. Si Yolanda Campos experimenta en el aspecto más vanguardista, Johnstone sigue una línea más postromántica o neoclásica. La introducción tiene cierto aire rachmaninoviano, y la melodía de la segunda parte del díptico es bartokiana, porque bebe del folklore de Europa del Este. Las interpretaciones de ambas obras fueron extraordinarias, como corresponde a tres músicos que dominan perfectamente sus instrumentos y que, en los pocos meses que llevan tocando juntos, han alcanzado un altísimo grado de comprensión mutua.

En conjunto, fue un concierto muy inusual. Era inusual por la formación que la protagonizaba, la variedad del repertorio y el dominio del lenguaje contemporáneo. Seguramente se habría agradecido una sala menos resonante o más amplia, pero el escaso público que se dio cita en el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte fue testigo de un concierto más que interesante.