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Guerra y paz

 

Sábado, 16 de Noviembre de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Ángeles Blancas, soprano. Orquesta Mundial. Josep Vicent, director. Maurice Ravel: La valse, (poema coreográfico para orquesta), (1920). Scherezade, (ciclo de canciones para canto y orquesta), (1903). Sergei Prokofiev: Romeo y Julieta: Selección, (1935). Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2013-Enero 2014.

 

Nos recuerdan las notas al programa firmadas por Sayoa Bildarratz un hecho que servía de hilo conductor al concierto que nos ocupa. Todas las obras incluídas aquí fueron escritas en períodos de alta tensión política, en donde la amenaza o las consecuencias de una guerra flotaban en el ambiente cultural. Tanto Ravel como Prokofiev padecieron las heridas de una época en la que todos los cimientos sobre los que se asentaba la civilización se estaban deteriorando, algo que se percibe en las obras. Una agrupación como la Orquesta Mundial, que tiene como misión servir de mensajera de la música en todo el mundo, difícilmente podía haber encontrado programa más adecuado, y la capacidad de la orquesta y el director hicieron que el concierto resultara de gran interés.

Se abría la velada con La valse de Ravel, una obra muy conocida pero que se escucha pocas veces en  salas de concierto. Escuchar los primeros compases, con el timbre oscuro de contrabajos y fagotes presentando las primeras ideas, fue una experiencia incomparable en esta interpretación, en donde el salón vienés retratado por Ravel apareció de entre una fina niebla orquestal. Vicent supo llevar la obra muy inteligentemente, dejándola respirar y usando con acierto el rubato, hasta llegar a la coda final, donde se dejó absorver por la locura de esta conclusión desconcertante.

El ciclo de canciones Scherezade de Ravel merece ser más conocido por los aficionados. Fue compuesto en 1903, una época de tensa calma previa a la Gran Guerra, y muestra el refinamiento orquestal de Ravel, que cultiva con acierto el exotismo oriental tan afín a su estética. Eso quedó en el concierto muy bien reflejado por una magnífica orquesta, destacando en particular la flauta solista de “La flauta encantada”, segunda canción de las tres que componen el ciclo. Josep Vicent supo mecernos en un continuo oleaje, y acompañó primorosamente a una Ángeles Blancas en óptima forma vocal. El timbre de la soprano española mantiene muy bien su calidez, lo que le permitió abordar las canciones con intimismo, expresividad y línea melódica bien mantenida.

Romeo y Julieta de Prokofiev es una obra más frecuente en concierto, pero las tres suites orquestales tal como las dispuso el autor soviético tienden a centrarse excesivamente en números cerrados, y no respetan la continuidad dramática del original. Eso ha animado a muchos directores a hacer sus propias selecciones de la obra, en donde se salva este problema. Vicent prefirió tocar la Primera suite de Prokofiev completa y añadirle al final La muerte de Teobaldo, tomada de la Segunda suite, consiguiendo así un final espectacular a costa de no respetar la secuencia argumental del ballet. La visión que Vicent presentó de la obra fue bastante sinfónica, y ajena al sentido del humor de Prokofiev, pero destacaba por su lirismo y pasión. Así, Fray Lorenzo resultó magníficamente retratado en su actitud contemplativa, y las mayores cotas de emoción se alcanzaron en el encuentro entre los amantes, de enorme intensidad. Fuertes aplausos del público, que se vieron correspondidos con dos propinas, destacando un Malambo de Estancia de Ginastera de contagiosa fuerza rítmica.

En conjunto, fue una velada en donde hubo ocasión de escuchar a una orquesta excelente, guiada por un director español de gran competencia musical. Era éste uno de los últimos conciertos de Vicent con la Orquesta Mundial, y los músicos le despidieron con calor y simpatía. Habrá que estar atentos a su trayectoria futura.