LA SINFOIETTA CON «MÉRITO» EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

Mérito

Domingo, 14 de abril de 2019. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Catalin Bucataru, violín. Escolanía del Orfeón Pamplonés. Juan Gaínza, director de la escolanía. Sinfonietta Académica de Pamplona. Caroline Collier, directora. Francisco Ibáñez Iribarría: Ave Maria. Xabier Sarasola: Pater Noster, (arreglo de Aurelio Sagaseta). Joseph Noyon: Himno a la noche, (a partir de un fragmento de Hipólito y Aricia de Jean-Philippe Rameau). Pablo Sarasate: Nocturno-Serenata para violín y orquesta, Op. 45 (1901). Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 7 en La mayor, Op. 92(1812). Concierto inscrito en el Festival de Música Sacra de Pamplona 2019.

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Escuchar a la Sinfonietta Académica suele ser un ejercicio que ofrece interesantes lecciones. En muchas ocasiones hemos destacado aquí ampliamente a este conjunto, formado en su sección de cuerdas por personas aficionadas que se dedican laboralmente a otras profesiones y que, en sus ratos libres, ensayan repertorio orquestal. En Navidad, se lanzaron a la tarea de preparar un concierto sobre la música de La guerra de las galaxias de John Williams, una cuestión nada fácil para cualquier orquesta y menos aún para un conjunto de estas características. En el concierto que nos ocupa, perteneciente al Festival de Música Sacra de Pamplona, se presentaban con la Escolanía del Orfeón Pamplonés, pero terminaban el concierto con un compromiso en algunos aspectos mayor que el desafío galáctico.

Y es que Caroline Collier terminó la sesión con la Séptima Sinfonía de Beethoven; es decir, una obra ineludible del repertorio orquestal que pone a prueba a muchas agrupaciones. El reto fue superado con creces, con una realización orquestal de gran nivel, sin duda apoyada por unos colaboradores profesionales en los instrumentos de viento que realizaron un gran trabajo.

En lo interpretativo, Collier asumió importantes riesgos, ofreciendo un Beethoven “a la antigua”. Tras una introducción majestuosa y un primer movimiento de poderoso impulso rítmico, Collier tomó el segundo con una gran lentitud (más propia de Furtwängler o Klemperer que de los directores de hoy), haciendo de ese segundo movimiento la supuesta “marcha fúnebre” de la que hablaban las notas al programa; no siempre se mantuvo la tensión, pero nos gustó la idea de buscar una versión a contracorriente. Algo similar ocurrió en la sección central del Scherzo, aunque con resultados menos convincentes. Eso sí, el cuarto movimiento fue una sección llena de energía y vigor. Añadamos a todo esto la cuestión adicional de que se respetaron todas las repeticiones, algo aún hoy infrecuente.

Anteriormente, se había presentado la orquesta con la Escolanía del Orfeón Pamplonés, que interpretó tres breves piezas con su gran nivel habitual. Quizá la más conocida fue el Himno a la noche, popularizado gracias a esa gran película llamada Los chicos del coro. También fue interesante encontrarse con el Nocturno-Serenata de Pablo Sarasate, una obra tardía que Catalin Bucataru interpretó con gran seguridad y mucho gusto, pero en este caso nos quedamos con la versión pianística, que le habría dado a la composición un carácter más decadente y salonesco que le conviene más.

En conjunto, fue un concierto que destacó por una interpretación muy meritoria de la Séptima Sinfonía de Beethoven. Es una buena preparación para una próxima temporada en la que se conmemorará el 250 aniversario del nacimiento del compositor, con lo que su obra estará más presente que nunca.

Autor entrada: xabier armendariz

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