O.S.N. TOCA A BRUCKNER “CON ROSTRO HUMANO”EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

Con rostro humano

Viernes, 15 de febrero de 2019. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Anton Bruckner: Sinfonía número 5 en Si bemol mayor, WAB 105, (versión de 1878, edición de Leopold Nowak de 1951). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2018-2019.

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En la literatura sobre Anton Bruckner, han proliferado más tópicos que en la de casi cualquier otro compositor. Al hablar del autor de Ansfelden se suele acentuar su profundo catolicismo, (convertido por algunos en beatería), sus deudas con Richard Wagner y, sobre todo, su carácter ingenuo e inseguro, que al parecer le llevó a “dejarse aconsejar” por algunos de sus discípulos; éstos le impusieron una serie de reformas en algunas de sus principales obras que, se dice, desvirtuaron un pensamiento compositivo innato especialmente original.

Todos estos tópicos tienen una base real, pero son producto de un cambio ideológico surgido desde 1930. El régimen nazi, que quería convertir a Bruckner en uno de sus compositores fetiche, originó algunos de estos mitos, que han tenido continuidad hasta hace poco. La imagen que los musicólogos actuales tienen sobre Bruckner es más compleja, sacando a la luz una personalidad atormentada y un carácter menos ingenuo y plenamente consciente de sus decisiones como compositor. En particular, hoy sabemos que algunas de las principales modificaciones que los discípulos de Bruckner sugirieron sobre sus obras (en las sinfonías Tercera, Cuarta, Séptima y Octava), fueron aceptadas sin discusión por el propio Bruckner.

La Quinta Sinfonía se dio a conocer en su día en una versión muy recortada y reorquestada por la mano de Franz Schalk, un importante director de orquesta y discípulo del autor; en este caso concreto, es muy improbable que estas modificaciones contaran con el acuerdo de Bruckner, y por eso dicha versión apenas se programa hoy. Sin embargo, la nueva imagen sobre Bruckner surgida desde 1930, partiendo de sus manuscritos originales, llevó a la eclosión de un “nuevo Bruckner” en lo interpretativo muy perceptible en esta obra que de por sí se presta a ello: un Bruckner monumental y místico, muy lento y majestuoso. Su culmen está en las versiones de Otto Klemperer y Sergiu Celibidache, interpretaciones colosales de esta inmensa obra y maravillosas a su manera. Como contraste, podemos acudir a la histórica versión de guerra de Furtwängler con la Filarmónica de Berlín, una interpretación de tremenda fuerza que la orquesta acaba de publicar dentro de una lujosísima edición de 22 CDs en su propio sello. Por momentos Furtwängler parece perder el control, pero el resultado es estremecedor.

En el concierto que nos ocupa, Antoni Wit se enfrentaba a esta Quinta Sinfonía, una obra de gran extensión, y fue al grano. El director polaco es plenamente consciente de toda la mitología que rodea a la obra y al autor y trazó una versión de tempi moderados y fluidos, sin misticismos postizos. No se esforzó Wit en relacionar con rigidez los tiempos de las diferentes secciones en los amplísimos movimientos extremos y buscó mayor flexibilidad y drama, así como la sonoridad organística de la orquesta bruckneriana. El mejor momento fue el tiempo lento, donde Wit hizo frasear a la orquesta con toda la calidez lírica de la que es capaz, dando a la pieza un carácter schubertiano. Fue muy destacable la construcción del Finale, con gran claridad y transparencia general. La única concesión a la galería fue el ritardando en la coda, casi obligado para subrayar la forma en que Bruckner corona una sinfonía imponente.

En conjunto, fue un gran concierto en el que Antoni Wit presentó una gran versión de la Quinta Sinfonía de Bruckner sin aditivos ni pesanteces, un Bruckner con rostro humano.

Autor entrada: xabier armendariz

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