OTELLO DE VERDI “ÓPERA Y DRAMA” CON EL CORO AMIGOS DE LA ÓPERA EN BALUARTE

Ópera y drama

Un Otello que no fue moro

Domingo, 3 de Febrero de 2019. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Otello: Drama lírico en cuatro actos con libreto de Arrigo Boito y música de Giuseppe Verdi, estrenado el 5 de Febrero de 1887 en el Teatro de la Scala de Milán. Gregory Kunde (Otello), Svetlana Aksenova (Desdémona), Ángel Ódena (Yago), Francisco Corujo (Casio), Manuel de Diego (Rodrigo), Jeroboám Tejera (Ludovico), Mirella Pintó (Emilia), Gerard Farreras (Montano / Un Heraldo). Coro de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Alfonso Romero, director de escena. Miguel Massip, escenografía. María Miró, figurines. Philipp Contag-Lada, director de proyección. Sonia Gómez Silva, realización de la puesta en escena. Ramón Tebar, director musical. Producción del Teatro Principal de Palma de Mallorca. Función inscrita en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte 2018-2019.


El título de esta crítica tiene importantes resonancias musicales, pero irónicamente no son en principio nada verdianas. Ópera y drama es la obra teórica más importante de Richard Wagner, en la que explica la magnitud de sus reformas operísticas, cuyos resultados pueden apreciarse desde Tristán e Isolda El anillo del nibelungo. El autor alemán explica que su propósito no es componer óperas marcadas por las formas cerradas tradicionales, sino verdaderos dramas musicales, que potencien la situación argumental más que otras consideraciones. Escapando del lucimiento gratuito de los cantantes y concediendo importancia a la orquesta y a la realización escénica, Wagner pretendía crear un verdadero drama diferente del espíritu operístico tradicional.

En Otello, Verdi se acerca a su manera a ese ideal, prestando atención especial a la caracterización musical y dramática de los personajes. Toda la obra es, como bien dice Pablo Meléndez Haddad en sus notas al programa, “puro teatro musical”, y eso debe reflejarse en escena. Esta producción de la ópera era muy esperada por muchos aficionados y el resultado final ha creado en conjunto esa tensión teatral, siempre importante en Verdi pero fundamental en Otello. La ópera se ofreció en versión original, (sin el ballet que Verdi añadió luego para una producción parisina), y con todos los elementos en orden. Conforme avanzaba la ópera, el público siguió con gran atención el desarrollo de la función, sobre todo en un extraordinario cuarto acto.

El principal atractivo de la función era, de entrada, el Otello de Gregory Kunde. El tenor estadounidense es uno de los pocos cantantes de hoy (¿quizá el único?) que puede hacer frente con solvencia a este personaje. Esto quedó claro ya desde su primera intervención, pero luego Kunde demostró que también sabe frasear (final del primer acto) y que sabe mantener los nervios en los arranques de rabia del personaje. Llegó algo cansado al cuarto acto, pero hizo de la necesidad virtud y resolvió con gran habilidad teatral el final de la función. A su lado, Svetlana Aksenova mantuvo un gran nivel como Desdémona, con su cálida voz y un fraseo muy cuidado; la voz se resintió ligeramente en determinados agudos, algo destemplados, pero la escena del cuarto acto fue sobrecogedora. Ángel Ódena consiguió un Yago muy logrado, sobre todo en un segundo acto ejemplar. Los demás personajes son de menor relieve pero todos hicieron un gran papel, cumpliendo sobradamente con sus cometidos.

En esta ópera, la orquesta es un personaje fundamental y es especialmente importante contar con un director que mantenga la tensión dramática. Ramón Tebar ya demostró su capacidad en su concierto con la Sinfónica de Navarra y Gregory Kunde, y ahora ha demostrado que es un director de foso extraordinario. Es muy difícil encontrar a un director que, sin desentenderse de la escena, ofrezca tantos detalles de la escritura orquestal de la obra. Junto a los cantantes, ofreció un cuarto acto como sólo se escucha (pocas veces) en grandes teatros. El Coro de la AGAO, particularmente resonante y poderoso, realizó una gran actuación.

En conjunto, fue una gran función de ópera… Bueno, en realidad no: fue una representación de un verdadero drama musical, en donde el sentido teatral se complementó con la música para crear un espectáculo único.

D E un productor del Hollywood dorado se cuenta que exigía a sus guionistas películas que empezasen con un terremoto y a partir de ahí crecieran en intensidad. El Otello que vimos en el Baluarte cumplía con el principio de la frase, con una impresionante tormenta digna de Verdi y Shakespeare proyectada en las paredes y el techo del auditorio; a partir de ahí es muy difícil mantener el tono.

Otello es una obra de tres personajes y creo que siempre está en escena uno de ellos. El propio Otello, el moro que asciende al generalato en Venecia; Yago, su alférez, que le odia y le envidia por no haber conseguido su puesto y maquina su perdición; Desdémona, hija de un noble, enamorada de Otello, con quien se fuga para casarse (esto, presente en Shakespeare, desaparece de la ópera; el libretista suprimió el primer acto).

El director de escena, Alfonso Romero Mora, renunció a caracterizar a Gergory Kunde como negro. Han pasado los tiempos de los Otellos tiznados como un Baltasar, pero negar al protagonista su condición de moro, de diferente, hace más difícil entender unos celos que son hijos de la inseguridad y nietos de la discriminación y el racismo.

Por lo demás, la producción es efectiva. Un barco con el león alado de Venecia domina la primera parte de la obra; en la segunda, el barco se convierte en el palacio de Otello, dentro de lo que parecen las cuadernas de otro navío, o el costillar de un monstruo marino; los cabos que se ven por encima parecen remitir a la tela de araña que teje Iago para cumplir sus propósitos.

Iago, encarnado por Ángel Ódena fue, como es lógico, el gran protagonista de la función y dio los mejores momentos, como cuando se enfrenta a Dios y desenclava un Cristo de su cruz. Svetlana Aksenova fue una dulce Desdémona y Gregory Kunde fue, como actor, demasiado operístico, rígido hasta en la violencia.

Autor entrada: xabier armendariz

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