KUN-WOO PAIK (PIANO) Y OSN “EN PLENITUD” EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz Nº 02

En plenitud

Jueves, 10 de enero de 2019. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Kun-Woo Paik, piano. Orquesta Sinfónica de Navarra. Manuel Hernández-Silva, director. Fernando Remacha: Cartel de fiestas, (orquestación de la suite para piano realizada por el propio compositor), (1947). Sergei Prokofiev: Concierto para piano y orquesta número 2 en Sol menor, Op. 16, (1923). Robert Schumann: Sinfonía número 2 en Do mayor, Op. 61, (1847). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2018-2019.

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Asistir a conciertos supone siempre un gran placer. Cada velada ofrece claves diferentes y, en muchos casos, se da la ocasión de que nos encontramos con obras importantes que, por una u otra razón, no hemos escuchado durante algún tiempo. En esas ocasiones, se produce un viaje de descubrimiento; las interpretaciones, mejores o peores, revelan aspectos de la partitura en los que no habíamos reparado anteriormente y redescubrimos incluso las obras que mejor creíamos conocer. Si además resulta que las interpretaciones están a la altura, el placer es si cabe más intenso.

Iniciaba la Orquesta Sinfónica de Navarra el concierto que nos ocupa con Cartel de fiestas, una suite para piano convertida por el propio Fernando Remacha en composición para orquesta, que recupera algunos temas (o resonancias de temas) característicos de las fiestas navarras, para transformarlos según los procedimientos neoclásicos propios de los años 1920. Es sin duda una obra muy ingeniosa, cuyo sentido del color se ve acrecentado en esta orquestación, que no habíamos tenido ocasión de escuchar anteriormente. Es verdad que el resultado puede sonar en ocasiones más pintoresco que realmente evocador, (sobre todo el número “Las señoritas en los toros”), pero ante una interpretación como la de Manuel Hernández-Silva es difícil poner objeciones.

Teníamos más reciente en Pamplona el Concierto para piano y orquesta número 2 de Prokofiev, obra desaparecida tras la Revolución Rusa y que el propio compositor tuvo que reconstruir empezando “de cero”. Se trata de uno de los conciertos más difíciles técnicamente de todo el repertorio, y recordamos aún a Nikolai Lugansky dando una demostración de virtuosismo con la OSE proponiendo una versión rutilante de la partitura. En esta ocasión, sin embargo, Kun-Woo Paik optó por un enfoque diametralmente opuesto, como se pudo apreciar desde el arranque de la obra, mucho más lírico en sus manos.

El pianista surcoreano mantiene un mecanismo de acero pero su técnica no es tan espectacular; por eso, destacó en los movimientos impares, donde ofreció tensión interna y una cualidad lírica muy afín a Prokofiev que pocas veces se pone de relieve. El acompañamiento de Manuel Hernández-Silva fue magnífico de principio a fin. Los aplausos fueron importantes pero el solista decidió no ofrecer propinas.

Se cerraba el concierto con la Sinfonía número 2 de Robert Schumann, obra de gran dificultad para muchos directores, que parecen no tener claro cómo afrontar una composición tan diversa en caracteres y estados de ánimo. Sin embargo, el director hispanovenezolano supo ofrecer energía y cualidad lírica en todos los movimientos rápidos, tratando la particular orquestación de Schumann con gran atención. Sólo fue algo menos logrado el tercer movimiento; tomarlo a un tempo tan lento implica arriesgarse a perder la dirección del fraseo, algo que ocurrió puntualmente. En cualquier caso, fue una interpretación muy destacable.

En conjunto, fue un concierto en donde se pudo disfrutar de la música en toda su plenitud, algo que no siempre ocurre, con interpretaciones de nivel y con música sin artificios ni adornos. Al final, de eso se trata.

Autor entrada: xabier armendariz

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