KATIA Y MARIELLE LABÉQUE “HILO CONDUCTOR” EN BALUARTE PAMPLONA

Hilo conductor

Katia y Marielle Labéque constituyen el dúo de pianos más famoso del mundo. Llevan una extensísima trayectoria común y han logrado una merecida fama difundiendo el repertorio clásico para dúo pianístico, ya sea en versión de dos pianos o cuatro manos. Además, siempre se distinguen por su capacidad comunicativa y su espíritu juvenil y moderadamente iconoclasta. Todas estas circunstancias hacen que las Labéque sean respetadas tanto por los aficionados más ortodoxos como por personas que no acuden habitualmente a conciertos clásicos.

Sin embargo, lo que nos ofrecían en esta ocasión en Baluarte no era un concierto al uso. Las hermanas Labéque han querido realizar un homenaje a la cultura vasca desde la perspectiva del sur de Francia, reuniendo en el escenario a un plantel de artistas de lujo. Basta citar al contratenor Carlos Mena, la violagambista Elena de Murguía, los cantantes Thierry Biscary y Eñaut Elorrieta, el Coro Easo y el conjunto de txalapartas Oreka TX. El concierto incluía músicos provenientes de distintos ámbitos: la música clásica ortodoxa (las Labéque), la música antigua (Carlos Mena), la tradición folklórica y el ámbito contemporáneo. Como se ve, una mezcla muy heterogénea para lo que pretendía ser un recorrido por músicas muy plurales, desde un zortziko de Juan de Anchieta hasta la música de Alberto Iglesias, pasando por melodías asentadas en el patrimonio colectivo, incluyendo obras de Guridi, Sarasate, el Padre Donostia, etc. Todo concluía oficialmente con una transcripción del Bolero de Ravel para dos pianos y percusión, con presencia de la txalaparta tanto en su versión tradicional como en la afinada que Oreka TX ha dado a conocer.

El resultado convenció a una mayoría de público, que aplaudió con mucha fuerza al final. Nuevamente, es una constatación del relativismo de lo “históricamente informado”, dado que es dudoso que en el siglo XVII se utilizara un piano (por muy “histórico” que fuera) para hacer el repertorio consignado en el programa; después de todo, el piano fue inventado a comienzos del siglo XVIII. Por otra parte, el programa apela fuertemente a las emociones del espectador, lo que hace que quienes conozcan más a fondo el folklore vasco apreciarán mucho más lo que ofrece el concierto. Lo que objetivamente faltó al espectáculo es un hilo conductor explícito; con excepción de las obras más antiguas y el Bolero de Ravel, quedó la impresión de un programa muy variado y lleno de piezas muy hermosas, pero establecido más por conveniencia musical que buscando un orden dramático coherente. En ese aspecto, los espectáculos de Jordi Savall son un modelo a seguir.

Interpretativamente, fue una producción modélica. Fue especialmente emocionante escuchar a Carlos Mena las Dos melodías hebreas de Ravel, donde el contratenor vitoriano demostró su pulidísimo arte de canto. Los miembros de Oreka TX ofrecieron una magnífica improvisación a la txalaparta y tanto Thierry Biscary como Eñaut Elorrieta cantaron con emoción las obras más modernas. Las Labéque demostraron su dominio en su selección de las Diez melodías vascas de Guridi (que sonaron como si fueran piezas líricas de Grieg) y su interpretación del Bolero de Ravel, donde demostraron su amplia gama de colores pianísticos.

Es difícil caracterizar un espectáculo que aspiraba a mezclar de forma armónica una serie de elementos tan diversos. La producción que nos ocupa no siempre lo logró satisfactoriamente por falta de un hilo común, pero mantuvo el interés gracias a un conjunto de intérpretes fabulosos que lograron momentos de gran emoción.

 

 

Autor entrada: xabier armendariz

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