“DE TODO UN POCO” POR LA O.S.NAVARRA Y JUANJO MENA EN BALUARTE PAMPLONA

De todo un poco

Jueves, 22 de Noviembre de 2018. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Coro Araba. Aitor Sáez de Cortázar, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Juanjo Mena, director. Juan Crisóstomo de Arriaga: Los esclavos felices: Obertura, (1819). O salutaris hostia, (1823). Richard Strauss: Las horas del día, Op. 76: Número 2, (1927). Edvard Grieg: Landkjenning, Op. 31, (1873). Francisco Ibáñez Iribarría: Suite rural, (2018, estreno absoluto). Ferenc Liszt: Sinfonía Fausto, S. 106: Final, (1857). Robert Schumann: Sinfonía número 4 en Re menor, Op. 120, (versión revisada de 1851). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2018-2019.

Hay conciertos que tienen una justificación muy concreta, y éste es uno de ellos. Juanjo Mena ha querido aprovechar su participación en la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra para rendir homenaje al Coro Araba en el quincuagésimo aniversario de su fundación. Es sabido que los coros de voces graves constituyen uno de los legados más importantes de la Historia de la Música en el siglo XIX en el País Vasco y Navarra, y el Coro Araba es un digno continuador de estos conjuntos en su más pura esencia, como se demostró en el concierto que nos ocupa.

La primera parte reunía una serie de elementos muy diversos, configurando aproximadamente una suerte de Historia de las obras para coro y orquesta desde el siglo XIX hasta hoy, siguiendo la línea más tradicional. La intervención del Coro Araba comenzaba con el O salutaris hostia de Arriaga, única obra religiosa del compositor que ha alcanzado difusión, y concluía con un estreno. La Suite rural de Ibáñez de Iribarría es una obra de interés que reúne en algo menos de media hora un conjunto de clásicos de la literatura coral vasca. El estilo es muy deudor de la música inglesa, particularmente Delius y Parry. Entre medio, hubo un descubrimiento importante, como la refinada segunda pieza de Las horas del día de Richard Strauss. Con todo, la obra de mayor entidad era el final de la Sinfonía Fausto, un inmenso clímax espiritual que sólo alcanza su verdadera dimensión en el contexto de la composición completa.

El Coro Araba cosechó un importante éxito de público, sobre todo gracias a su interpretación de la Suite rural. Lo cierto es que fueron de menos a más. En O salutaris hostia, las voces superiores se vieron algo forzadas, pero ya a partir de la obra de Grieg todos entraron en materia y, sobre todo cuando se exigió cantar a plena voz, los resultados fueron muy satisfactorios. Fue destacable la intervención solista de Ricardo Zubicoa, que logró apianar con mucho mérito durante su intervención en la obra de Liszt.

Se completaba la sesión con la Cuarta Sinfonía de Robert Schumann, que Juanjo Mena decidió interpretar (como muchos directores) en la versión revisada de 1851. Esta segunda versión de la partitura es una reelaboración completa de la sinfonía, en la que el compositor pulió las transiciones entre los movimientos, reescribió toda la orquestación cambiando muchos acompañamientos y dio al conjunto una forma más compacta. La  versión original se aproxima más al universo pianístico de Schumann y tiene una disposición más característica; además, no contando con una orquesta amplia, al ser más ligera, quizá habría ofrecido mejores resultados. Pero Juanjo Mena es un gran artista y supo hacer una versión convincente de la Cuarta Sinfonía de Schumann en la versión de 1851. Fue una interpretación eminentemente lírica en la que lo más destacado fue el Scherzo, que adquirió una viveza poco común. El Finale fue realmente brioso y brillante.

Fue una velada en la que el público disfrutó, sobre todo en la primera parte. El programa era muy variado y en todo momento hubo elementos de interés.

Autor entrada: xabier armendariz

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