EL TROMBONISTA CHISTIAN LINDBERG «TODO UN PERSONAJE» CON LA O.S.EUSKADI

Todo un personaje

Martes, 6 de Noviembre de 2018. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Christian Lindberg, trombón, narrador y director. Leonard Bernstein: La ley del silencio: Suite sinfónica, (1954). Christian Lindberg: La historia de Kundraan. Jean Sibelius: Sinfonía número 3 en Do mayor, Op. 32, (1907). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2018-2019.

Afirma Mikel Chamizo en las notas al programa del concierto que nos ocupa que la labor realizada por el trombonista sueco Christian Lindberg por su instrumento es semejante a la que realizaron Paganini en el violín y Chopin y Liszt en el piano durante el siglo XIX. En contra de lo que podría parecer, la frase no es exagerada; este veterano intérprete lleva años desarrollando una particular técnica con el trombón que ha inspirado numerosas obras a compositores escandinavos actuales. A este respecto, muy pocos intérpretes actuales se mantienen tan activos; las mayores excepciones son el trompetista Hakkan Hardenberger y el clarinetista Kari Kriikku, (sueco y finés, respectivamente). La diferencia entre éstos y Lindberg es que este último dirige habitualmente y con acierto todo tipo de repertorio y que también compone, especialmente para su propio instrumento.

Ya su entrada en escena fue espectacular, luciendo una camiseta muy llamativa en tonos dorados. Abrió el concierto con la suite sinfónica de La ley del silencio, extraída por Leonard Bernstein de la banda sonora escrita para la célebre película de Elia Kazan. Es música de gran fuerza expresiva, construida en torno a la célula inicial expuesta al comienzo por la trompa, y que Lindberg dirigió con entrega absoluta, concediendo siempre a los músicos el tiempo necesario para frasear las melodías en toda su magnitud. Fue una interpretación opresiva y dramática, como conviene al carácter de esta música que muestra a Lenny en su plenitud como compositor para el cine.

Prosiguió la sesión con La historia de Kundraan, una suerte de cuento musical con música de Lindberg en la que nuestro protagonista dirigió, tocó la parte de trombón solista y recitó el texto en inglés. La historia presenta a Kundraan, una persona irascible que llega a un pacto con el Diablo que le ofrece convertirse en un director de gran prestigio. La música, en tono burlesco y con influencias stravinskianas y del jazz, no se detiene nunca y Lindberg se obliga a sí mismo a pasar casi sin transición de leer los textos de la narración a interpretar una parte de trombón muy difícil, llena de virtuosismo técnico. El resultado muestra a un músico que, cuando quiere, escapa de los recursos contemporáneos más trillados. De propina, ofreció, según sus palabras, una melodía escrita por un trovador sueco.

La segunda parte ofreció lo mejor de la sesión con la Tercera Sinfonía de Sibelius, primera obra en la que el finés comenzó a plasmar sus nuevas ideas en pos de sinfonías formalmente más concisas y construidas más orgánicamente. La interpretación ofrecida en este concierto fue sencillamente modélica, sobre todo por la manera en que Lindberg obtuvo de la Sinfónica de Euskadi el “sonido Sibelius”, esa peculiar rusticidad y ese sonido apagado que necesita esta música. En particular los dos últimos movimientos fueron magníficos, el tiempo lento por su aire balanceante y sensual y el Finale por la manera en que Lindberg graduó el crescendo hasta un final poderoso y brillante.

Y por si esto fuera poco, aún interpretó la orquesta como propina la obertura de Candide de Leonard Bernstein. Christian Lindberg ha demostrado que es todo un personaje en el mundo de la música clásica y se ha ganado en Pamplona el respeto de todos, lo conocieran o no.

 

 

 

Autor entrada: xabier armendariz

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