O.S.N-BALUARTE EN “RECONOCIMIENTO” A FERNANDO REMACHA

Reconocimiento

Jueves, 8 de Noviembre de 2018. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Mikhail Ovrutsky, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. Alejandro Posada, director. Fernando Remacha: Sinfonía a tres tiempos, (1927, estreno absoluto). Leonard Bernstein: Serenata para violín, arpa, cuerdas y percusión, (1954). Nikolai Rimsky-Korsakov: Scheherezade, suite sinfónica Op. 35, (1888). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2018-2019.

Fernando Remacha fue un creador con una historia singular. Nacido en Tudela en 1898, estudió en el Conservatorio de Madrid con profesores como Conrado del Campo, y ganó el Premio Italia que le permitió formarse con Francesco Malipiero, el autor italiano más destacado de la nueva generación. Durante la Segunda República, fue un músico importante, obteniendo dos veces el Premio Nacional de Música, pero el final de la Guerra Civil le encontró en una situación poco favorable y, a pesar de que su compromiso con la República había sido menor que el de otros autores que conocieron mejor suerte (García Leoz, por ejemplo), se vio obligado a apartarse del mundo y dedicarse a mantener la ferretería que regentaba su familia. Sólo desde mediados de la década de 1950, cuando recibió la llamada para dirigir el Conservatorio Pablo Sarasate, Remacha pudo volver a la esfera pública.

Algo parecido ha ocurrido con la obra que iniciaba la sesión de esta semana de la Orquesta Sinfónica de Navarra. La Sinfonía a tres tiempos, compuesta en 1927, pasaba por ser una de las obras definitorias de la primera etapa de Remacha, pero todavía no se había dado la ocasión para escucharla. En efecto, se trata de una sinfonía de tono neoclásico, con un primer movimiento que recuerda lo que luego fueron las sinfonías posteriores de Stravinsky. La obra no posee el espíritu jovial y alegre del Grupo de Les Six, y tiene sobre todo un tiempo lento que expresa drama y cierta tensión. Todo ello fue muy bien interpretado por una Sinfónica de Navarra muy comprometida bajo las órdenes de un director solvente como Alejandro Posada.

Continuaba la sesión con otro reconocimiento a un importante músico. La Serenata de Leonard Bernstein, basada en El banquete de Platón, seguramente es una obra desigual, pero ofrece oportunidades de lucimiento a un solista que posea lirismo y capacidad virtuosística a partes iguales. La obra no es la típica serenata al modo dieciochesco, porque tiene más pretensiones y bastante más sentido dramático que las composiciones equivalentes de Mozart y Haydn. Mikhail Ovrutsky, ganador del Concurso Internacional Pablo Sarasate en 1999, fue un solista ideal para esta obra por la ternura que imprimió a los pasajes líricos, resueltos con un fraseo muy natural. Alejandro Posada acompañó con solvencia al frente de una Sinfónica de Navarra metida en faena, pero quizá no midió bien los efectos de la percusión en la aparatosa sección final.

Hacía algunos años que la Sinfónica de Navarra no programaba Scheherezade de Nikolai Rimsky-Korsakov, pero todavía recordamos con cariño la gran lección con la obra que ofreció Antoni Wit en su momento. Esta interpretación fue una lectura cargada de oficio. Con una orquesta que mostró algunos desajustes, Alejandro Posada realizó una versión de cierta viveza que tomó vuelo fundamentalmente en el último movimiento. No fue una lectura caracterizada por su especial refinamiento orquestal ni por su sentido dramático; Posada pretendió equilibrar bien todos los elementos de la obra y el resultado propició el disfrute del público, pero con obras como ésta hay que correr riesgos.

En conjunto, fue un concierto destacable sobre todo por la primera parte, en la que se escuchó una obra que había estado “retirada” durante noventa años, setenta más que su autor en la ferretería de Tudela. Ya sólo por eso mereció la pena.

 

 

Autor entrada: xabier armendariz

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