«VIENÉS DE PURA CEPA» POR OSN Y ORFEÓN

Vienés de pura cepa

Jueves, 4 de Octubre de 2018. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Raquel Lojendio y María Hinojosa, sopranos. Pablo García López, tenor. Tomeu Bibiloni, barítono. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Manuel Hernández-Silva, director. Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 1 en Do mayor, Op. 21, (1800). Wolfgang Amadeus Mozart: Misa para solistas, coro y orquesta en Do menor, KV 427, (1784). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2018-2019.

Tras el gran debut en la Plaza del Castillo de Manuel Hernández-Silva como director titular de la Orquesta Sinfónica de Navarra (en una experiencia nueva para la orquesta que confiemos tenga continuidad), llegamos por fin al primer concierto del director venezolano en el ciclo de la Orquesta Sinfónica de Navarra. Estos primeros conciertos suelen tener un significado especial, porque con frecuencia suelen marcar tendencia. Cada director suele elegir programas con obras que para ellos sean importantes y/o que para la orquesta supongan una cierta tradición.

Desde esta perspectiva, el primer concierto de Manuel Hernández-Silva no podría haber sido más elocuente. Nada más empezar, nos ofreció en este programa la Primera Sinfonía de Beethoven, que va a iniciar un ciclo sinfónico del autor de Bonn que concluirá el próximo curso, coincidiendo con el 250 aniversario del nacimiento del compositor. Como es bien sabido, la primera incursión beethoveniana en el ámbito sinfónico es una obra de factura perfectamente clásica, y eso fue lo que más destacó Manuel Hernández-Silva en una lectura sobria, sin prisas y muy bien medida. Fue en ella particularmente destacable la relación de gran coherencia entre los tempi de los movimientos, la aplicación de todas las repeticiones en el Scherzo (sí, también las que vienen escritas en su segunda exposición, después del Trío), y el uso de los metales y la percusión, con una potencia aparentemente excesiva pero muy ligada a la tradición historicista. A fin de cuentas, hay muchos fragmentos de esta sinfonía con connotaciones heráldicas evidentes.

La obra más interesante del programa era la segunda. La Misa en Do menor de Mozart es una obra poco habitual en Pamplona, y quizá siempre ha quedado en un relativo segundo plano dentro de la producción religiosa del compositor. Tienen que ver en ello su carácter fragmentario y, sobre todo, la extrema dificultad de los números solistas consagrados a la primera soprano, pues el Laudamus te es casi un concierto para soprano y orquesta. Sin embargo, la obra es con toda seguridad la composición religiosa más ambiciosa del autor, muy por delante del famoso Requiem, como demuestra la amplitud y trabajo temático de las fugas y el extenso desarrollo del Gloria y lo que se conserva del Credo. Como es sabido, la obra no está “concluida”, pues falta material para el Credo del “Et resurrexit” en adelante y el Agnus Dei.

Contar para la obra con el Orfeón Pamplonés fue un riesgo importante, dado qe las secciones rápidas necesitan gran agilidad (y en esto Hernández-Silva no hizo concesiones). Sin embargo, el coro desempeñó su parte con gran eficacia en general. Raquel Lojendio interpretó su parte con relativa suficiencia, aunque cuando se asomaba al extremo grave del registro pasó ciertos problemas. El resto de solistas y la orquesta cumplieron bajo los mandos de una dirección muy bien planteada, sin concesiones al preciosismo sonoro y con la mirada puesta ya en Beethoven, como se demostró ya desde el Kyrie.

Así pues, fue un concierto de presentación muy importante por parte de Manuel Hernández-Silva que, a pesar de ser nacido en Venezuela, demostró ser un director vienés de pura cepa, conocedor de todo lo necesario sobre el estilo clásico.

 

 

 

 

 

 

 

Autor entrada: xabier armendariz

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