ENTUSIASMO EN L´ELISIR D´AMORE CON PUERTOLAS, GAYARRE AMIGOS ÓPERA Y LA O.S.N.

Entusiasmo

Jueves, 20 de Septiembre de 2018. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. L’elisir d’amore: Ópera bufa en dos actos con libreto de Felice Romani y música de Gaetano Donizetti, estrenada en el Teatro de la Canobbiana de Milán el 12 de Mayo de 1832. Sabina Puértolas (Adina), Antonino Siragusa (Nemorino), Emmanuel Franco (Belcore), Pablo Ruiz (Dulcamara),Andrea Jiménez (Gianetta). Coro Lírico de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Adriano Sinivia, dirección de escena. Christian Taraborrelli, escenografía y vídeo. Fabrice Kebour, iluminación. Enzo Iorio, vestuario. Matteo Beltrami, director musical. Producción del Teatro de la Ópera de Lausana. Función inscrita en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte 2018-2019.

Como ópera bufa, L’elisir d’amore es relativamente atípica. Aunque la obra toma algunos elementos de las comedias de Cimarosa, Mozart y Rossini, en esta ópera aparecen algunos rasgos sentimentales, por influencia del estilo belcantista y romántico que empezaba a imponerse en el panorama operístico. Precisamente esas novedades cimentaron su éxito. L’elisir es la ópera más representada en Pamplona en los últimos años, aunque es verdad que desde que la AGAO la presentó en el Teatro Gayarre en 2011 no se había escuchado una función con todos los medios teóricamente necesarios, al menos en la vertiente orquestal.

En cualquier caso, esta obra ha sido la elegida para inaugurar esta temporada lírica inscrita en el ciclo de la Fundación Baluarte, contando con un atractivo fundamental: el debut por Sabina Puértolas del papel de Adina. Es difícil realizar valoraciones cuando nos enfrentamos al debut de un personaje por parte de un cantante. En conjunto, Sabina Puértolas realizó una actuación importante en las arias y pasajes más belcantistas. La pureza de fraseo de la soprano navarra es proverbial, igual que la calidez del timbre en su registro central. Las agilidades fueron quizá más irregulares, seguramente mejor conforme se acercaba el final de la función. Además, Puértolas delineó muy bien el personaje, desde su actitud distanciada y escéptica del comienzo hasta su vertiente más romántica en la sección final. Eso sí, las capacidades de Sabina Puértolas lucirían mucho más en obras que necesitaran de una cantante de mayor entidad, sobre todo en el repertorio serio del autor.

Antonino Siragusa hizo un Nemorino interesante, también de menos a más. La principal baza de este tenor es su calidad de fraseo, utilizando buena parte de los recursos belcantistas tradicionales. A cambio, se echa de menos una voz de mayor entidad, que le permita desplegar mayor frescura y proyectar con menos esfuerzo los agudos, aunque esto también mejoró en el segundo acto. Fue indicativa la reacción del público  mucho más entusiasta.

El resto de intérpretes funcionó a buen nivel general. Quizá el más discreto fue Emanuel Franco, que realizó una actuación correcta sin mostrar la personalidad y la calidad de fraseo que parece pedir el papel. Fue muy convincente el Dulcamara de Pablo Ruiz, que supo manejarse muy bien en el canto silabado, y también fue destacable la actuación de Andrea Jiménez como Gianetta, con la voz muy fresca y en sazón.

Matteo Beltrami conoce muy bien su oficio y dirigió toda la interpretación con seguridad y buen estilo, sobre todo en las secciones belcantistas. En otros momentos, corrió riesgos y tomó tempi muy rápidos, con resultados variables; El concertante final del primer acto fue tomado con tempi muy urgentes que le dieron una viveza muy atractiva. Sin embargo, algunas secciones de agilidad del comienzo de la obra se tomaron también muy rápido, perjudicando fundamentalmente a Sabina Puértolas. El Coro de la AGAO actuó con su habitual eficacia y fue muy destacable la realización de los recitativos, con momentos particularmente imaginativos. Así, cuando Nemorino pedía por primera vez a Dulcamara el filtro de amor de Isolda, se escuchó un fragmento del Preludio de Tristán e Isolda de Wagner.

En conjunto, fue una buena función de L’elisir, que sobre todo al final despertó el entusiasmo del público y donde hubo momentos de gran calidad. Al final, eso es lo que cuenta.

 

 

Autor entrada: xabier armendariz

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