DEJARSE LLEVAR POR LA MÚSICA DE LES MUSICIENS DU LOUVRE EN ESTELLA

Dejarse llevar

Domingo, 9 de Septiembre de 2018. Iglesia de San Miguel de Estella. Les Musiciens du Louvre. Thibault Noally, violín y director. Antonio Vivaldi: Concierto para cuerdas y bajo continuo en Do mayor, RV 116. Concierto para cuerdas y continuo en Mi menor, RV 134. Concierto para cuerdas y continuo en Sol menor, RV 156. El combate entre la Armonía y la Invención, Op. 8: Conciertos números 1-4, (Las cuatro estaciones), (1725). Concierto perteneciente a la Semana de Música Antigua de Estella 2018.

Da igual si uno es aficionado a la música clásica o no. El hecho es que todo el mundo conoce el comienzo de Las cuatro estaciones de Vivaldi, y la mayoría de  los lectores habrán escuchado al menos una vez la serie completa de estos cuatro conciertos. Naturalmente, esto asegura que cada vez que se programa esta obra hay un gran éxito de taquilla, que generalmente se convierte en una andanada de bravos y entusiasmo desatado al final del concierto. Es lógico: la obra es conocida y tiene muchas cosas de las que todos podemos disfrutar.

Sin embargo, Las cuatro estaciones de Vivaldi tiene una cara B. Con mucha frecuencia, las interpretaciones más famosas de esta obra han tendido a suavizar algunas de sus principales aristas, optando por subrayar toda la belleza de esta música; el ejemplo máximo es, claro, las afectadísimas interpretaciones de la obra que grabó Herbert von Karajan. Sin embargo, desde que los conjuntos de instrumentos originales comenzaron a grabar estos conciertos, todo comenzó a cambiar. Directores como Harnoncourt, Biondi y otros limpiaron el polvo acumulado por la tradición y encontraron un mundo apasionante.

Como es bien sabido, esta serie de conciertos ilustra otros tantos sonetos, donde se ofrecen interpretaciones descriptivas de lo que la música supuestamente pretende transmitir. Si los intérpretes están dispuestos a tomarse licencias sobre la partitura, podemos observar claramente el canto de los pájaros en la Primavera, el fragor de la tormenta en el Verano, las celebraciones campesinas o sus consecuencias no deseadas en el Otoño y, sobre todo, el castañetear de dientes del Invierno. Hay pasajes de una riqueza armónica muy considerable, que en las versiones tradicionales suelen pasar inadvertidos. El propio virtuosismo del violín solista se incrementa todavía más si en los movimientos más vivos se toman tempi rápidos. En la actualidad, incluso en versiones con orquestas modernas, nosotros debemos esperar que los intérpretes nos hagan sentir estas sensaciones.

Desde este punto de vista, la interpretación que ofreció este domingo en Estella Les Musiciens du Louvre se quedó a medio camino. Todo estaba en su sitio, con un violinista muy virtuoso y un clavecinista muy imaginativo en el desarrollo del bajo continuo. Por momentos, hubo detalles de calidad en las ornamentaciones e incluso hubo movimientos sueltos en los que se produjo esa conexión de la que hablamos, como el Finale del Verano y todo el Invierno; fue particularmente de agradecer la pausa con la que se tomó el tiempo lento, algo hoy relativamente poco habitual. Pero en conjunto la interpretación sonó académica, tal vez demasiado apegada a la letra y a la tradición. Faltaba quizá un último grado de dejarse llevar por todo lo que esta música puede ofrecer.

Antes de Las cuatro estaciones, Les Musiciens du Louvre ofrecieron otros tres conciertos de Vivaldi, éstos tomados de los menos habituales. Pero aquí intervino el factor acústica. La Iglesia de San Miguel no es un espacio particularmente resonante, pero sí tiene sus tiempos; los tempi rápidos tomados por el conjunto no siempre permitieron escuchar todos los detalles. Por otra parte, algo más de contundencia rítmica no habría estado de más.

En conjunto, fue una oportunidad interesante para reencontrarse con Las cuatro estaciones de Vivaldi para un público deseoso de oírlas.

 

Autor entrada: xabier armendariz

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