ORQUESTA DEL FESTIVAL DE BUDAPEST «CON PERSONALIDAD» EN KURSAAL

Con personalidad

Domingo, 26 de Agosto de 2018. Auditorio del Palacio Kursaal de San Sebastián. Jenö Lisztes, cymbalon. József Csócsi Lendvai Padre e Hijo, violines. Orquesta del Festival de Budapest. Ivan Fischer, director. Ferenc Liszt: Rapsodia húngara para orquesta número 1, S. 359 número 1, (versión para orquesta realizada por Franz Doppler y Ferenc Liszt de la Rapsodia húngara para piano S. 244 número 14). Johannes Brahms: Danza húngara número 1, WOO 1 número 1, (1869). Ferenc Liszt: Rapsodia húngara para orquesta número 3, S. 359 número 3, (versión para orquesta de la Rapsodia húngara para piano, S. 244 número 6). Pablo Sarasate: Aires gitanos, Op. 20, (1879). Johannes Brahms: Danza húngara número 11, WOO 1 número 11, (1869). Johannes Brahms: Sinfonía número 1 en Do menor, Op. 68, (1876). Concierto inscrito en la Quincena Musical de San Sebastián 2018.

Se acerca el final de la Quincena Musical de San Sebastián. Entre las citas más importantes del certamen, ha sido destacable el recital en solitario de Alexandre Tharaud, al que asistimos, cuyo programa estaba dedicado casi enteramente a la música francesa. Este inquieto e investigador pianista se enfrentó a un programa muy variado donde brilló ocasionalmente a gran altura, especialmente en interpretaciones maravillosas de las dos Gnosiennes y las dos Gymnopedies más célebres de Erik Satie, compositor excéntrico y genial que ofreció su vertiente más popular en estas obras hipnóticas.

Pero naturalmente el principal atractivo de la Quincena Musical de San Sebastián siguen siendo los conciertos sinfónicos. En el que nos ocupa, volvía al certamen donostiarra un director habitual en esta cita, como el húngaro Ivan Fischer. Se trata de uno de los grandes directores de hoy, un músico con personalidad, ideas propias y gran capacidad de comunicación. Todo ello lo demostró claramente en este concierto.

Como el propio Fischer explicó en sucesivas presentaciones, la primera parte analizaba la relación entre la música de los grandes compositores de la tradición occidental del siglo XIX y la tradición musical de los gitanos húngaros. Por ello, se presentaron en el escenario tres músicos de origen gitano, como son el cymbalonista Jenö Lisztes y los violinistas Jószef Csócsi Lendvai Padre e Hijo. Estos tres músicos aportaron su saber hacer, procedente de esa tradición improvisatoria basada en el arte de la ornamentación, la libertad rítmica y una mezcla de melancolía y virtuosismo extremo muy atractiva. Además, Csócsi Lenvai Hijo posee una importante formación clásica, lo que se observa en su sonido todavía más depurado y perfecto técnicamente. De todo lo que escuchamos en la primera parte, destacamos la versión de la Rapsodia húngara para orquesta número 3, en cuya sección central Lendvai Padre realizó un solo muy bien paladeado acompañado por el cymbalon y los contrabajos de la orquesta, al más puro estilo de las bandas gitanas. Lo más avasallador fue la interpretación que Lendvai Hijo realizó de los Aires gitanos de Sarasate, casi sin apartarse de la letra de la partitura pero interpretando con desbordante imaginación y sorprendiendo con el extraordinario virtuosismo de la sección final.

Ya en la segunda parte, Fischer ofreció una obra de estricto repertorio como la Sinfonía número 1 de Brahms, obra de larguísima gestación marcada por la sombra de Beethoven. La interpretación sorprendió desde la introducción, tomada con mucha pausa para acentuar el dramatismo del momento. Fischer demostró una gran capacidad para manejar el tempo a voluntad, haciéndolo fluir sobre todo en el segundo movimiento. Además, el fraseo que propone Fischer es muy natural, algo en lo que contribuye la gran calidad de las cuerdas y los solistas de las maderas de la orquesta. Todo pudo resumirse en un cuarto movimiento de gran energía, concluido con brillantez pero sin la redondez y la nobleza que en principio se esperaría.

Una vez terminado el concierto, Ivan Fischer presentó la propina, una versión vocal de la Danza húngara número 4 de Brahms, haciendo sus pinitos intentando hacerse entender en euskera. Todo el concierto fue muestra de las formas de hacer de un director diferente, que comunica muy bien con el público. Musicalmente hablando, tiene una personalidad muy marcada. Se estará o no de acuerdo con él, pero al final eso es lo que cuenta.

 

 

Autor entrada: xabier armendariz