JUAN DE LA RUBIA Y SU CLAVIÓRGANO “UN INGENIO TECNOLÓGICO” EN ESTELLA

Un ingenio tecnológico

Lunes, 3 de Septiembre de 2018. Iglesia del Convento de Santa Clara de Estella. Juan de la Rubia, claviórgano. Antonio de Cabezón: Diferencias sobre la gallarda milanesa. Diferencias sobre el canto llano del caballero. Thomas de Crecquillon: Je prends en gré, (versión original interpretada al claviórgano y versión glosada por Antonio de Cabezón). Pierre Sandrin: Douce memoire, (versión glosada por Hernando de Cabezón). Antonio de Cabezón: Pavana con su glosa. Pavana italiana. William Byrd: The Queenes Alman. Antonio de Cabezón: Ancor che col partire. Jacques Arcadelt: Il bianco e dolce cigno, (versión original interpretada en el claviórgano y versión glosada por Juan de la Rubia). Antonio de Cabezón: Diferencias sobre el canto llano del caballero, (versión interpretada con el teclado de espineta del claviórgano). Diferencias sobre Guárdame las vacas. Tiento de quinto tono. Concierto inscrito en la Semana de Música Antigua de Estella 2018.

En la música antigua, nada es blanco ni negro; todo son grises. Con frecuencia, tendemos a encasillar tanto a los intérpretes como a los instrumentos en categorías estancas, y no imaginamos los ingenios tecnológicos que inventaron los constructores de instrumentos antiguos. A este respecto, el claviórgano es uno de los que más fortuna conocieron. Es un instrumento “doble”, compuesto por un mecanismo de clave o similar (cuerdas golpeadas por un macillo o punteadas por un plectro, según los diversos instrumentos), y un pequeño órgano positivo (con registros de flautado y regalías, con el tono nasal correspondiente). El resultado era muy adecuado para habitaciones reducidas y contribuía a ahorrar personal. Si al sonido del clave se le acoplaba, por ejemplo, el registro de flautado del órgano, podía conseguirse el convincente efecto de un clave acompañando un consort de flautas de pico…

Todas estas cuestiones son muy interesantes y algunas se pueden encontrar en libros como el cuarto volumen de la Historia de la Música en 6 bloques de Roberto Pajares, dedicado a los instrumentos musicales. Pero leer estas descripciones en teoría u observarlas en la práctica son cuestiones muy diferentes. En el concierto que nos ocupa, Juan de la Rubia ofreció las opciones del claviórgano, mostrando al público un universo desconocido.

El programa de la sesión giraba en torno a Antonio de Cabezón, principal compositor de obras organísticas en España en el siglo XVI. Como organista de la Capilla Real, este intérprete ciego siguió a Felipe II en sus numerosos viajes por Europa, donde conoció una amplia variedad de estilos. Por eso, además de sus tientos y otras composiciones originales, Cabezón dejó algunas glosas sobre los principales éxitos de la música profana de su momento histórico, particularmente las chansons de los autores francoflamencos del primer tercio del siglo XVI. Su obra nos ha llegado gracias a la labor de su hijo Hernando de Cabezón, también organista, que sin duda contribuyó con sus modificaciones pero no cambió la sustancia del original. En definitiva, son músicas que parecen requerir un ambiente intimista para lograr todo su vigor.

Juan de la Rubia era el intérprete ideal para un concierto como éste. El organista de la Sagrada Familia, que ha venido frecuentemente a Navarra en los últimos años, conoce este repertorio perfectamente y sabe darle la pausa y el refinamiento en las ornamentaciones de rigor. Usó el atril añadido a su instrumento para colocar una partitura electrónica (sí, la música antigua no es ajena a la modernidad), y ofreció todos sus registros como intérprete e improvisador. Fue destacable su glosa sobre “Il bianco e dolce cigno” de Arcadelt, donde sus ornamentaciones no impidieron seguir el discurso polifónico del madrigal original. El momento cumbre del concierto fue la versión de las Diferencias sobre el canto llano del caballero sólo con el sonido de la espineta, donde el recogimiento de la iglesia del Convento de Santa Clara hizo el resto.

Añadamos que Juan de la Rubia explotó todas las características del instrumento, mostrando incluso el procedimiento con que debía manejarse el fuelle del claviórgano cuando no existía motor para accionarlo y era necesaria la participación de un ayudante. Al final del concierto, un numeroso grupo de asistentes se quedó a observar el instrumento de cerca. No era para menos; Juan de la Rubia había demostrado que el claviórgano es mucho más que un ingenio tecnológico.

 

 

Autor entrada: xabier armendariz

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