Orquesta del Festival Johann Strauss 8/1/2017

Valses, polkas y palmas

 

Domingo, 8 de Enero de 2017. Teatro Gayarre de Pamplona. Orquesta del Festival Johann Strauss. Svilem Simeonov, director. Obras de Johann Strauss Padre e Hijo, Josef Strauss, Jacques Offenbach, Amilcare Ponchielli y Giuseppe Verdi. Concierto de Año Nuevo de Pamplona 2017.

 

En el artículo previo al Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena escrito por Pablo L. Rodríguez, crítico musical de El País, aparecía la siguiente afirmación: “No acepten imitaciones”. La Orquesta Filarmónica de Viena es una de las mejores del mundo, y aunque los directores elegidos para la cita anual del 1 de Enero no siempre muestran afinidad con el vals vienés (Riccardo Muti, Zubin Mehta), sólo escuchar a la orquesta es atractivo suficiente.

El Concierto de Año Nuevo que habitualmente se celebraba en Pamplona el día 6 de Enero es una de tantas citas que intentan imitar el espíritu del concierto vienés. La Orquesta del Festival Johann Strauss es un conjunto formado para estas ocasiones; algunos valses especialmente largos suelen recortarse y, a veces, hay pequeños retoques orquestales. Pero dados estos condicionantes, cuando se celebraba el día de Reyes, el concierto pamplonés adquiría pleno sentido y el público acudía dispuesto a disfrutar de los últimos coletazos navideños. Siendo la cita el día 8, el público había tenido tiempo para volver a la realidad cotidiana. El ambiente en el Teatro Gayarre era menos festivo, a pesar del empeño de los músicos.

En esta edición, el Concierto de Año Nuevo de Pamplona incluyó todos los clásicos de la dinastía Strauss ignorados por el reciente concierto vienés. No faltaron un recortado Vals del Emperador, Cuentos de los bosques de Viena, ni tampoco la Polka Pizzicato. No obstante, cada vez es más frecuente la presencia de compositores ajenos a la familia Strauss. Este año, se incluyeron el aria de Olimpia de Los cuentos de Hofmann (sólo la segunda estrofa) y el cancán de Orfeo en los infiernos de Offenbach, la sección final de la Danza de las horas de La Gioconda de Ponchielli y el brindis de La Traviata.

Pero más allá del programa, en conciertos de este tipo quien marca la pauta es el director. Este año los resultados fueron musicalmente interesantes. Svilem Simeonov se mostró especialmente entusiasta en las polkas rápidas, donde consiguió resultados electrizantes, como en la famosa polka ¡Viva Hungría! También hubo momentos de cierta inspiración en los valses. En El bello Danubio azul, sin ir más lejos, hizo sonar con delectación las secciones más calmadas, depurando mucho el rubato. Su principal defecto fue la tendencia a acelerar en exceso en las secciones más briosas de los valses y las polkas francesas, detalles ambos que perjudicaban la elegancia natural de las obras. Por otra parte, Simeonov estuvo ocurrente en algunas de las bromas musicales introducidas en la velada, un aspecto en el que el Concierto de Año Nuevo vienés está cada vez menos interesado. La broma del conejo en la polka De caza o la confusión con la partitura al comienzo de la Polka Pizzicato fueron bien traídas; no lo fue tanto la obsesión por pedir palmas al público más allá de la Marcha Radetzky, incluyendo en esto el brindis de La Traviata. La soprano solista mostró seguridad al reproducir las agilidades.

En conjunto, fue un Concierto de Año Nuevo interesante y entusiasta, pero con un público quizá menos metido en el ambiente festivo de la ocasión que otras veces; seguro que el cambio de fecha tuvo algo que ver. En todo caso, fue una buena manera de empezar un año que esperamos sea musicalmente propicio para todos.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz