Eric Silberger Orfeón Pamplonés Mariinsky Gergiev Mozart Mahler 24/01/2017

On fire

 

Martes, 24 de Enero de 2017. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Eric Silberger, violín. Irina Churilova, soprano. Yulia Matochkina, mezzosoprano. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Valery Gergiev, director. Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para violín y orquesta número 3 en Sol mayor, KV 216, (1775). Pablo Sarasate: Introducción y tarantella para violín y orquesta, Op. 43. Gustav Mahler: Sinfonía número 2, (Resurrección), (1884). Concierto inscrito en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Enero-Junio 2017.

 

El mundo de la música se mueve a velocidad vertiginosa. En la era de las comunicaciones, los intérpretes más cotizados viajan constantemente para realizar giras agotadoras. Valery Gergiev, el protagonista de este concierto, es titular de dos orquestas (Mariinsky y Filarmónica de Múnich), y actúa regularmente con muchos otros conjuntos a ambos lados del Atlántico, ofreciendo más de doscientos conciertos anuales. En esta gira con su orquesta, ofrece en nueve días no menos de ocho conciertos con seis programas diferentes. Este lunes, la interpretación del Requiem verdiano en el Palacio Euskalduna fue una versión notable, con una gran actuación del Orfeón Pamplonés y solistas algo irregulares, pero lo que se escuchó en Pamplona fue excepcional.

El reto no era menor. Interpretar una sinfonía de Gustav Mahler supone hacer sonar una música que, en palabras del compositor, “debe abarcarlo todo”. Esta Segunda Sinfonía trata de los misterios de la vida y la muerte desde una perspectiva transcendente y con abundantes contrastes, hasta terminar en un final que debe provocar intensas emociones. Es una obra que requiere una preparación muy intensa, además de un director que haya experimentado y reflexionado la obra durante años. En ambos aspectos, se ha notado la evolución respecto a lo que los mismos intérpretes ofrecieron en la misma sala hace siete años; en particular, Gergiev ha dispuesto de más tiempo para perfeccionar la obra que entonces, y los resultados se han hecho notar.

En el concierto que ahora nos ocupa, Gergiev gobernó el primer movimiento con mano firme, pero deteniéndose a paladear los pasajes líricos. Si al Ländler del segundo tiempo le faltó flexibilidad, las cuerdas ofrecieron una lección de fraseo. El Scherzo fue llevado con la ironía deseable, aunque sin optimizar la acidez de esta música. En el cuarto, Gergiev se hizo eco de la noble textura de los corales de metales y ofreció extraordinarias sutilezas tímbricas. Sobre el quinto movimiento, se nos acaban las palabras para expresar la manera en que Gergiev construyó la larguísima secuencia, la habilidad con que dispuso los instrumentos fuera de escena para crear los efectos precisos, la tensión acumulada en los silencios. Sólo algunos cambios de tempo fueron algo discutibles, pero la emoción fue tan intensa que estos detalles se convirtieron en cuestiones menores.

Vocalmente, también hubo actuaciones interesantes. Irina Churilova hizo una actuación eficaz y Yulia Matochkina sorprendió por su torrente vocal en el “Urlicht”. El Orfeón Pamplonés hizo una muy buena actuación, pero no alcanzó el excelente  nivel del día anterior en el Euskalduna; los tenores tendieron a destacar en exceso en algunas de sus intervenciones más potentes.

No era adecuado incluir nada antes de la Segunda Sinfonía de Mahler, una sinfonía especialmente densa que se acerca a la hora y media de duración. No obstante, se escuchó el Concierto para violín número 3 de Mozart, que Eric Silberger ofreció con sonido brillante y amplio fraseo, acompañado por Gergiev con tempi relativamente lentos y sin gestos gratuitos. Después, el propio Silberger ofreció una fulgurante versión de la Introducción y tarantela de Sarasate para interpretar, ya fuera de programa, un logrado Capricho número 24 de Paganini. Nos quedaron ganas de volver a escuchar a este intérprete.

Pero en todo caso, el gran triunfador del concierto tiene sin duda nombre y apellidos. Se trata de Valery Gergiev, que estuvo on fire y que ofreció una interpretación para recordar de esta intensa sinfonía mahleriana. Gergiev es un director de extraordinario talento, pero no siempre lo muestra en toda su magnitud y con esta consistencia. Ocasiones como ésta son días de fiesta grande para los aficionados a la música.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz