Gluck Haydn Beethoven Sinfónica Navarra Jesús María Echeverría 21/06/2016

Va por ustedes

 

Martes, 21 de Junio de 2016. Sala de Cámara del Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Jesús María Echeverría, director. Christoph Willybald Gluck: Orfeo y Eurídice: Obertura y chacona, (versión de 1774). Franz Joseph Haydn: Sinfonía número 88 en Sol mayor, Hob. I número 88, (1787). Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía número 36 en Do mayor, KV 425, (Linz), (1783). Concierto especial organizado por la Orquesta Sinfónica de Navarra.

 

Teniendo en cuenta la situación que atraviesa la música clásica, parece que programar conciertos se ha convertido en una operación de marketing. Muchas instituciones realizan iniciativas encaminadas a conseguir nuevos públicos, especialmente entre los jóvenes. Dejando al margen los proyectos declaradamente pedagógicos, los programadores tienden a recortar la duración de los conciertos, programar con mayor audacia buscando puntos de contacto poco comunes entre las obras y, sobre todo, rompiendo algunos de los “ritos” que supone la liturgia del concierto, considerados por algunos como una barrera.

Frente a esto, otras iniciativas son más conservadoras y se dirigen al público ya habitual. Un ejemplo de esto es el concierto que ahora nos ocupa, organizado por la Orquesta Sinfónica de Navarra. La cita reunía obras muy populares y de compositores consagrados, capaces de atraer por sí mismas a los abonados más veteranos a los que les gusta escuchar su Beethoven y su Brahms. Un precio asequible y una degustación de vino complementaban bien la oferta, que prometía un concierto pleno de vitalidad y alegría de vivir.

Pero ofrecer una velada dedicada a la música del Clasicismo vienés no es tan sencillo como podría parecer. Estas sinfonías de Haydn y Mozart muestran las costuras de cualquier conjunto orquestal poco preparado. Más que un gran genio de la dirección, se necesita un buen artesano que sepa construir bien la arquitectura de las obras y no soslayar sus dramas internos.

El concierto se abría con la obertura y la chacona de Orfeo y Eurídice de Gluck. Jesús María Echeverría ofreció una interpretación de gran pulso teatral, tomada con viveza y buen hacer. Este clima se mantuvo constante en la Sinfonía número 88 de Haydn que cerró la primera parte, una obra escrita entre los dos ciclos de sinfonías parisinas y londinenses. Fue una interpretación bastante tradicional, de tempi moderados y con un claro sentido del fraseo, sobre todo en el segundo movimiento. Hubo algunos guiños a la interpretación históricamente informada, sobre todo por los timbales, algo secos. La vertiente más discutible fue el Trío del Minueto, en el que los juegos rítmicos no fueron subrayados con gran claridad. Pero el Finale resultó cargado de humor, sin necesidad de acelerar excesivamente el tempo.

No fue menos interesante la interpretación de la Sinfonía número 36 de Mozart, una obra que el compositor salzburgués compuso en apenas cuatro días y que igualmente respira vitalidad. Echeverría ofreció una interpretación muy animada, llena de contrastes y en donde también hubo espacio para el lirismo en el segundo movimiento. Hemos de destacar el Minueto, que en esta interpretación fue tomado a un tempo especialmente rápido, subrayando su carácter popular. Sin duda, fue una interpretación construida de manera muy artesanal, pero que en su conjunto fue muy eficaz.

El parco programa de mano no incluía notas sobre las obras, pero el propio Jesús María Echeverría se dedicó a explicarlas con un encomiable sentido divulgativo. En este concierto dedicado al  público habitual y veterano, el director olitense bien podía haber utilizado esa famosa expresión, tan extendida en otro tiempo: “Va por ustedes”.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz