Fauré Ravel Ingrid Fliter Jun Märkl 16/01/2016

Ravel de vanguardia

 

Sábado, 16 de Enero de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Ingrid Fliter, piano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Jun Märkl, director. Gabriel Fauré: Pavana, Op. 50, (1887). Maurice Ravel: Concierto para piano y orquesta en Sol, (1931). Dafnis y Cloe, (ballet completo), (1912). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2015-2016.

 

La imaginación de los musicólogos y teóricos no ha tenido límites y ha creado parejas extrañas. Los lenguajes musicales de Claude Debussy y Maurice Ravel no tienen prácticamente nada que ver entre sí, y sin embargo suelen aparecer citados ambos autores conjuntamente en los libros de texto. Pocos reparan en que Maurice Ravel fue mucho más respetuoso con las formas clásicas tradicionales, que su música es generalmente mucho más clara que la de Debussy y que su espíritu, salvo excepciones notables en su primera época, es menos experimentador. El concierto que nos ocupa permitía hacernos una idea muy cabal del lenguaje raveliano en todas sus fases. La conocida Pavana de Fauré, una de las obras más visionarias del compositor francés, servía de pórtico a dos obras de Ravel de signo muy distinto, una de ellas de espíritu plenamente neoclásico (el Concierto en Sol), y otra de carácter aparentemente más “impresionista” y difuminado (Dafnis y Cloe). Gracias a un director como Jun Märkl, pudimos ver que, al menos en el caso del ballet, también estas afirmaciones son discutibles.

Después de una Pavana de Fauré muy bien interpretada, con intervención estelar de la flauta solista, se escuchó una interpretación muy interesante del Concierto en Sol. La obra se presta a acercamientos exultantes y optimistas en los movimientos extremos, llenos de influencias jazzísticas y orientalizantes, (el propio Ravel dijo de la obra que era un divertimento “en el espíritu de Mozart o de Saint-Saëns”), y en ellos Ingrid Fliter realizó su tarea con gran cuidado. Siempre atenta a las texturas orquestales, articuló con extrema transparencia y, si a veces pudo faltar algo de mordacidad, los momentos líricos fueron especialmente aprovechados y el final no sonó mecánico. Fue menos ortodoxo el segundo movimiento, esa cantilena dulce y refinada, donde Fliter tomó un tempo muy lento, manteniéndose en el alambre y a punto de que la tensión se rompiera. El resultado, muy hermoso, tendió a sonar más a Chopin que a Ravel. Jun Märkl acompañó con gran diligencia, destacando la refinadísima orquestación, y se unió a Fliter en un final eléctrico del más conocido concierto de Haydn, en el que la pianista volvió a demostrar su articulación inmaculada.

No es habitual escuchar Dafnis y Cloe en su versión completa. Las dos suites extraídas por el compositor de este ballet basado en temas mitológicos griegos fueron compiladas con grandísimo cuidado, así que como ocurre en El pájaro de fuego de Stravinsky, muchos comentaristas prefieren prescindir del resto de la obra. Sin embargo, Jun Märkl tiene otras ideas. El director alemán demostró que, en realidad, Dafnis tiene un componente vanguardista muy acentuado, sobre todo en la armonía y el ritmo. Aunque sí hubo tensión y misterio en los momentos más debussystas, como el Amanecer, aprovechó Märkl en toda su intensidad los clímax más ácidos. De esta forma, asomó en la obra cierto primitivismo que pareció adelantar La consagración de la primavera, el ballet de Stravinsky que se estrenó al año siguiente. Ya sólo por estos hallazgos, que difícilmente se perciben sólo con las suites, mereció la pena programar la obra completa. La Orquesta Sinfónica de Euskadi ofreció una actuación muy lograda; es verdad que el sonido del viento madera genuinamente francés que Ravel habría reconocido se ha perdido en parte, pero el manejo del color orquestal siguió siendo ejemplar.

En conjunto, fue un concierto del más alto interés, en donde observamos que, a pesar de los reduccionismos que se han aplicado a la música de Ravel, el compositor francés se resiste a las etiquetas. Ni siquiera los aires de modernidad le eran ajenos.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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