Wagner Karlowicz Panufnik Killar Alexandra Kuls Antoni Wit 25/02/2016

Los otros polacos

 

Jueves, 25 de Febrero de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Alexandra Kuls, violín. Participantes individuales. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Richard Wagner: Polonia, obertura WWV 39, (1836). Mieczislaw Karlowicz: Concierto para violín y orquesta en La mayor, Op. 8, (1902). Sir Andrei Panufnik: Sinfonía número 1, (Sinfonía rústica), (1948). Wojciech Kilar: Krzesany, (1974). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2015-2016.

 

El concierto que nos ocupa no se contaba entre los más esperados por el público pamplonés, pero era una cita muy especial para el director titular de la Orquesta Sinfónica de Navarra. En efecto, el programa que conduciría el polaco Antoni Wit estaba conformado por obras de autores polacos poco conocidos. No había obras de Fryderyk Chopin, Karol Szymanowski, Witold Lutoslawski ni Krystoff Penderecki. Más allá de esos grandes nombres, Polonia ha producido otros compositores dignos de mención, y Antoni Wit se propuso demostrarlo.

El concierto se abría con la obertura Polonia de Richard Wagner, una obra de juventud escrita en 1836 en solidaridad por la reciente invasión del país por el imperio zarista. La obra es muy convencional y ni siquiera un maestro tan avezado como Antoni Wit pudo evitar que la sección final sonara algo ruidosa. Quedan claras las razones de la inclusión de la obra en programa, pero la extensión de la velada habría sido suficiente sin ella.

El Concierto para violín y orquesta de Karlowitz sí es una obra digna de tenerse en cuenta. Dividido en tres movimientos enlazados, sus influencias son los conciertos de Tchaikovsky y Bruch. El lenguaje es plenamente romántico y destacan los pasajes líricos de los dos primeros movimientos, aunque se necesita a un solista virtuoso y capaz de lidiar con considerables exigencias técnicas. Alexandra Kuls cumple todos los requisitos y demostró un sonido pleno, denso y brillante. Su fraseo fue emocionante, sobre todo en un intenso segundo movimiento. Antoni Wit acompañó con gran atención a todos los detalles y con pasión a flor de piel. No hubo grandes aplausos y no se ofreció ninguna propina, pero nos quedamos con ganas.

La Primera Sinfonía de Andrei Panufnik fue compuesta antes de que el autor polaco buscara refugio en Inglaterra. La obra, cíclica en cuanto a su concepción, (los temas se reciclan de un movimiento a otro), es muy original. El sentido rústico que daría a entender el sobrenombre no siempre se percibe, pero hay influencias de compositores tan diversos como Bartok, Copland, Hindemith, etc. La obra pretende ser moderna y no se acomodaba a los preceptos generales del realismo socialista, razón por la cual la intelligentia comunista no la aceptó en su día, pero Antoni Wit demostró con su interpretación que esta obra merece ser conocida y tener un hueco en cualquier orquesta que se precie. Incluso los momentos protominimalistas del Finale sonaron proféticos en esta interpretación, a cargo de un músico seguro y conocedor.

Por último, Crzesany de Wojciech Kilar es una obra brillante, muy interesante especialmente desde el punto de vista rítmico. Aunque hay momentos de disonancias con claro tinte expresionista, el sentido de la obra pretende ser primitivista. Toda la sección final es un estudio de ritmo, en donde personas voluntarias reunidas por la orquesta para tocar diversos instrumentos de pequeña percusión contribuyeron a un clímax grandioso y, por momentos, apabullante. Hasta los menos acostumbrados a la música contemporánea aceptaron el reto y aplaudieron una interpretación conducida con mano maestra.

En conjunto, fue un concierto de gran nivel, en donde Antoni Wit consiguió demostrar que Polonia ha dado compositores mucho más importantes de lo que pudiera parecer. En conciertos como éste, la labor de la Orquesta Sinfónica de Navarra se vuelve especialmente necesaria para hacer posible que Pamplona disfrute de una vida musical plena.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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