Verdi Nabucco Orfeón Pamplonés 14/04/2016

Ópera de coro

 

Jueves, 14 de Abril de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Nabucco: Tragedia lírica en cuatro actos con libreto de Temistocle Solera y música de Giuseppe Verdi, estrenada en el Teatro de la Scala de Milán el 9 de Marzo de 1842. Damiano Salerno (Nabucco), Maribel Ortega (Abigaille), Ernesto Morillo (Zaccaria), María Luisa Corbacho (Fenena), Enrique Ferrer (Ismaele), Miguel Ángel Zapater (Gran Sacerdote de Baal), Jorge Rodríguez-Norton (Abdallo), Sara Rossini (Anna). Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Emilio Sagi, dirección de escena. Luis Antonio Suárez, escenografía. Eduardo Bravo, iluminación. PEPPISPÓO S.L., vestuario. Fermín Arsuaga, Ángel García, Javier Gurbindo, Jose Manuel Pérez, Goyo Iñaki Salinas y Iosu Valero, figuración. Gianluca Marcianò, director. Producción de Fundación Baluarte en coproducción con la Asociación de Amigos de la Ópera de Oviedo, el Teatro de San Gall en Suiza, el Teatro Principal de Palma de Mallorca y el Teatro Jovellanos de Gijón. Función inscrita en la temporada de espectáculos de Fundación Baluarte Febrero-Mayo 2016.

 

Históricamente, se han clasificado las óperas de acuerdo con el protagonista que más luce en una buena representación. Aunque en algunos casos el asunto es dudoso, parece claro que Il Trovatore es una ópera de tenor (gracias al aria de la pira), Don Carlo es una ópera para lucimiento de un gran bajo (el aria de Felipe II del tercer o cuarto acto, según las versiones), y La Traviata es una ópera donde puede lucir una gran soprano, con permiso del tenor y el barítono.

En el caso de Nabucco, parece claro que, al menos sobre el papel, es el coro quien más puede triunfar; no en vano, el coro de esclavos es el número más apreciado de la obra. Sin embargo, ese fragmento sólo representa la parte más sencilla de su amplia intervención en la ópera, y no es fácil encontrar teatros de ópera en donde el coro llegue a aprovechar plenamente la ocasión.

En este caso, se contaba con el Orfeón Pamplonés, un conjunto al que no estamos acostumbrados a escuchar en ópera pero que hizo una actuación extraordinaria. Eso pudo percibirse ya desde su primera entrada nada más terminar la obertura, y se mantuvo a lo largo de una intervención completísima. Naturalmente, el punto culminante fue el famoso coro de esclavos, pero toda la actuación del Orfeón Pamplonés fue un modelo de precisión y coordinación con el director de orquesta.

El reparto vocal resultó eficiente. Maribel Ortega realizó una intervención más que aceptable como Abigaille, un papel de escritura inclemente en el que hay que demostrar capacidad belcantista, extensión de registro y potencia vocal a partes iguales. En el caso de Ortega, su intervención más destacada fue en los momentos líricos, muy bien fraseados, particularmente en su gran aria del segundo acto. Aunque empezó algo estentórea en los agudos, poco a poco terminó por centrarse y terminó a gran nivel.

Los dos grandes protagonistas masculinos también realizaron prestaciones interesantes. Damiano Salerno mostró como Nabucco decisión y sobrada autoridad, pero también algunas limitaciones en el fraseo y la ornamentación. En todo caso, consiguió llegar a su aria del cuarto acto en su mejor momento, y allí logró resultados importantes. Ernesto Morillo empezó demasiado vibrado como Zaccaria, particularmente en su aria del primer acto, pero después se mostró como un cantante especialmente expresivo y musical. Los tres cantantes prescindieron de las repeticiones de las cabalettas, una costumbre hoy bastante habitual pero muy discutible. ¿Por qué no se reducen en su lugar los agudos no anotados por los compositores?

El resto de cantantes realizaron un buen papel, en particular la pareja formada por María Luisa Corbacho, especialmente expresiva, y Enrique Ferrer. También la orquesta acompañó con gran precisión, a las órdenes de un Gianluca Marcianò que conoce bien su oficio y que demostró entender muy bien la obra. Su dirección fue en todo momento pujante y dramática, y la concertación en los finales de acto resultó perfecta a pesar de los rapidísimos tempi y las particulares condiciones de Baluarte, que teóricamente no aconsejan tomar riesgos.

En conjunto, fue una interesante función de Nabucco, marcada por el protagonismo de un coro como el Orfeón Pamplonés y con un reparto de nivel más que digno. Pocos espectáculos pueden igualar la emoción que despierta una buena función de ópera.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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