Tchaikovsky Dvorák Marko Letonja 22/04/2016

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Viernes, 22 de Abril de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Marko Letonja, director. Piotr Illyich Tchaikovsky: Sinfonía número 2 en Do menor, Op. 17, (Pequeña Rusia), (1880). Antonin Dvorák: Sinfonía número 7 en Re menor, Op. 70, (1885). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2015-2016.

 

A menudo, los aficionados a la música clásica se preguntan por qué existe la profesión de director de orquesta. Como nos recuerda Norman Lebrecht, ese oficio no existió, al menos en su sentido moderno, hasta bien entrado el siglo XIX, pues anteriormente eran los propios compositores, o en todo caso los concertinos, quienes coordinaban los conjuntos orquestales. Y en efecto, la principal tarea de un director de orquesta sigue siendo coordinar a los músicos, unificar criterios en lo concerniente a articulación, fraseo, tempo, etc. Fue en la música compuesta a partir del siglo XX cuando ese trabajo empezó a volverse especialmente necesario  pero ya desde la época de Beethoven se consideró importante que existiera una figura específica para ello.

En realidad, al menos las orquestas más importantes podrían funcionar en determinados repertorios perfectamente sin director. Cuando en cierta ocasión un músico de la Filarmónica de Viena fue preguntado por la obra que interpretaría el director de turno aquella tarde, el aludido respondió: “No importa; nosotros tocamos la Pastoral de Beethoven”. Pero un director competente, que infunda autoridad a sus músicos y proponga interpretaciones coherentes, es siempre de agradecer.

Fue el caso en el concierto que nos ocupa. Marko Letonja lo inició con una interpretación incandescente y fogosa de la Segunda Sinfonía de Tchaikovsky, una obra relativamente olvidada frente a las tres grandes sinfonías finales del autor ruso pero que en Pamplona se había escuchado en tiempos recientes. La versión tuvo verdadero empuje en el primer movimiento y en el Scherzo, una secuencia en donde las influencias folklóricas son muy marcadas. Incluso el Finale, el movimiento más flojo de la obra, fue interpretado con brillantez, y sin rehuir su esencia algo ruidosa. Por nuestra parte, nosotros creemos que el carácter militar del segundo movimiento habría exigido un tempo más ligero, pero la interpretación fue generalmente bien trazada y contó con un importante éxito de público.

La Séptima Sinfonía de Dvorák no ha sido ninguna desconocida para el público pamplonés. Las dos grandes orquestas que actúan en Pamplona la han ofrecido con frecuencia en los últimos años, y no han sido pocas las agrupaciones extranjeras que se han presentado con ella. Recordamos todavía el sonido rústico de los vientos de la Orquesta Filarmónica Checa, allá por el año 2013. Con todo, la interpretación de Letonja fue muy interesante, planteando una versión especialmente épica y dramática. Esto se veía venir desde un primer movimiento de gran tensión, y tuvo su continuación en los dos últimos movimientos. El Scherzo fue de extrema contundencia rítmica y el Finale fue tomado con extraordinaria resolución y seguridad, amén de no olvidar el fraseo netamente romántico requerido. Nuevamente, el segundo movimiento podía haber mejorado con otro enfoque, seguramente tomando un tempo más lento y centrándose más en la evidente poesía de la música. Con todo, incluso en esa secuencia, Letonja consiguió una vehemencia y una fuerza expresiva no carente de atractivo. La reacción del público fue especialmente entusiasta.

En conjunto, fue un concierto de gran interés, gracias a un maestro que supo dotar de autoridad a sus interpretaciones y hacer que la Orquesta Sinfónica de Navarra mostrara en todo momento su mejor nivel. No hay muchos directores que justifiquen tan bien la razón de ser de su profesión.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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