Shostakovitch Brahms Alban Gerhardt Andrei Boreiko 24/05/2016

Cenicientas

 

Martes, 24 de Mayo de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Alban Gerhardt, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Andrei Boreiko, director. Dimitri Shostakovitch: Concierto para violonchelo y orquesta número 2 en Sol mayor, Op. 126, (1966). Johannes Brahms: Sinfonía número 3 en Fa mayor, Op. 90, (1883). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2015-2016.

 

Todos los compositores tienen obras que no han sido apreciadas en la medida que merecen. Son obras relegadas por la tradición a un segundo plano, porque se consideraban menos brillantes o menos innovadoras. Ejemplos muy claros son la Octava Sinfonía de Beethoven, siempre relegada frente a la Séptima y la Novena, los conciertos para piano de Tchaikovsky (a excepción del primero, naturalmente), o buena parte de los poemas sinfónicos de Ferenc Liszt. No hay razones objetivas para llevar estas obras a los márgenes del repertorio, pero es muy difícil cambiar esta situación. Las dos obras que llenaban el concierto que nos ocupa pertenecen a este grupo de obras relativamente olvidadas.

El Concierto para violonchelo número 2 de Shostakovitch nunca ha tenido la misma repercusión que su predecesor en el catálogo del autor ruso. Su carácter, más melancólico y reservado que el del Primer Concierto, lo ha apartado de las agendas de los grandes solistas; el propio Mistislav Rostropovich, dedicatario de la obra, la interpretó pocas veces. Sin embargo, esta suerte de sinfonía concertante para violonchelo y orquesta puede resultar muy atractiva, si se consigue crear la atmósfera inquietante del primer movimiento y reproducir el humor negro de la sección final. El violonchelista Alban Gerhardt, uno de los más cotizados del circuito, se sintió más cómodo en la vertiente más jocosa de la obra, que hace su aparición en el segundo movimiento. En el primero, mostró las cartas demasiado rápido y lo interpretó enfatizando en exceso la melancolía de la que hablamos. El pasaje resultó así apagado, demasiado sobrio. Andrei Boreiko secundó a su solista con toda su atención; ambos decidieron unir en un solo arco los tres movimientos de la obra, algo que resultó muy adecuado porque hizo destacar la unidad temática del conjunto. La Orquesta Sinfónica de Euskadi realizó un magnífico trabajo. Mención especial merece la intervención de la sección de percusión, que en las secuencias finales de la obra tenía un cometido importante. De propina, Gerhardt ofreció el Preludio de la Suite para violonchelo solo número 1 de Bach, en una interpretación sobria, musical y ajena a los dogmas historicistas que arrancó una fuerte ovación del público.

Mikel Chamizo, en sus ilustrativas notas al programa, recordaba que Brahms escribió su primera sinfonía a una edad relativamente tardía, (contaba más de cuarenta años), no por miedo al influjo beethoveniano, sino por rechazo al gusto estético predominante en su época, en la que eran más apreciadas las sinfonías con argumento extramusical. Al hablar de la Tercera Sinfonía, Chamizo citaba a Eduard Hanslick, el famoso crítico vienés, que destacaba el sentido unitario del primer movimiento al escribir sobre él: “Parece haber sido escrito en una hora inspirada”. Esta frase podría ser aplicada perfectamente a toda la obra, una estructura tremendamente concisa y en la que nada sobra ni falta. Sin embargo, a muchos intérpretes les cuesta entender esa fluidez, y dotan especialmente al primer movimiento de una pesantez y una densidad que no le corresponde. En este caso, Andrei Boreiko realizó una interpretación en la que destacaron sobre todo los melancólicos y otoñales movimientos centrales, muy bien paladeados y fraseados por la madera de la orquesta. Fue una lástima que en los movimientos extremos, sobre todo en el primero, faltara en parte el impulso necesario.

En conjunto, fue un concierto que incluía dos obras relativamente menos comprendidas dentro del catálogo de sus autores, y en las que tanto Gerhardt como Boreiko demostraron que los tópicos causantes de ese relativo olvido siguen vigentes. También en esto queda mucho por hacer.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *