Rossini Shostakovitch Brahms Guillermo Pastrana Siao Chia Liú 12/02/2016

Cerca y lejos

 

Viernes, 12 de Febrero de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Guillermo Pastrana, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Navarra. Shao-Chia Lü, director. Gioachino Rossini: La italiana en Argel: Obertura, (1813). Dimitri Shostakovitch: Concierto para violonchelo y orquesta número 1 en Mi bemol mayor, Op. 107, (1959). Johannes Brahms: Sinfonía número 2 en Re mayor, Op. 73, (1877). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2015-2016.

 

A finales del siglo XIX, hubo una gran explosión de la literatura de temática oriental entre los escritores europeos. A menudo, el interés de estos autores era retratar un Oriente refinado y sensual, en una huida postromántica a una realidad lejana e inalcanzable. Es el caso de los textos de Tristan Klingsor que inspiraron la Scherezade de Ravel. Otros autores bucearon más en la realidad oriental. Pearl S. Buck escribió un libro muy interesante, Cerca y lejos, en el que exploraba a través de una serie de narraciones cortas las complejas relaciones entre los habitantes originarios de China y Japón y los occidentales.

Ha pasado un siglo y, en el mundo de la música clásica, la relación entre occidentales y orientales se ha estrechado; ya no es novedad escuchar a pianistas, violinistas o directores de orquesta de procedencia oriental. En el concierto que nos ocupa, teníamos a una orquesta navarra tocando a las órdenes de un director taiwanés y contando como solista con un violonchelista granadino; en otros tiempos, esto habría sido impensable.

El concierto se abrió con la obertura de La italiana en Argel de Rossini, en una lectura correcta sin humor ni sentido belcantista. Tras ella, se escuchó el Concierto para violonchelo y orquesta número 1 de Shostakovitch, una obra de gran exigencia tanto para el solista como para la orquesta escrita para el gran Mistislav Rostropovich. El violonchelista tiene que enfrentarse a retos técnicos de extraordinaria magnitud y a unos movimientos centrales en los que debe calcular muy bien el fraseo; la obra no pide grandes arrebatos, pero la música necesita cierto grado de expresividad. Guillermo Pastrana hizo una labor muy bien medida. No se arrugó ante las dificultades técnicas y supo captar la histeria de los movimientos extremos, pero reservó lo mejor para los dos movimientos centrales, llenos de tensión y de una emoción contenida que resultó exacta para transmitir el carácter de la obra. La orquesta acompañó con gran diligencia contando con la dirección conocedora de Shao-Chia Lü, siempre muy atento a las necesidades del solista. De propina, Pastrana tocó sin acompañamiento la Nana de las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla; aunque la interpretación resultó musicalmente conseguida, otros repertorios le habrían permitido aprovechar mejor la ocasión.

La Segunda Sinfonía de Brahms es una de las obras más complejas del compositor hamburgués. Casi todos los comentaristas dan por sentado su carácter bucólico y melancólico, pero los grandes intérpretes de la obra saben que hay momentos llenos de drama y pasión. Shao-Chia Lü ofreció una versión muy clásica, pero en la que no faltó ningún aspecto de la partitura. Hubo tensión en el desarrollo del primer movimiento, poesía en el tiempo lento, sentido lúdico en el tercer movimiento e impulso rítmico en el cuarto, además de misterio y expectación cuando era necesario. En definitiva, fue una interpretación de gran nivel de una obra muchas veces malentendida.

En conjunto, fue un concierto que ofreció dos grandes puntos de interés, con las interpretaciones de las obras de Shostakovitch y Brahms. A día de hoy, los intérpretes orientales cada vez asumen con más propiedad la música culta occidental. Seguimos estando lejos geográficamente, pero culturalmente estamos algo más cerca.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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