Lehár La viuda alegre Jordi López 22/01/2016

Lehár en Broadway

 

Viernes, 22 de Enero de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. La viuda alegre: Opereta vienesa en tres actos con libreto de Victor Léon y Leo Stein y música de Franz Lehár, estrenada en el Theater an der Wien de Viena el 30 de Diciembre de 1905. Natalia Millán (Hanna Glawary), Antonio Torres (Conde Danilo), Silvia Luchetti (Valencienne), Guido Balzaretti (Camille), Iñaki Maruri (Njegus), David Rubiera (Barón Mirko). Ensemble de la Orquesta Sinfónica Verum. Emilio Sagi, dirección de escena. Daniel Bianco, escenografía. Renata Schussheim, vestuario. Eduardo Bravo, iluminación. Nuria Castejón, coreografía. Jordi López, director. Producción del Teatro Arriaga de Bilbao. Función perteneciente a la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2015-Enero 2016.

 

No ha sido habitual en España presentar funciones de opereta vienesa. Aunque a comienzos del siglo XX este género fue muy popular en España gracias a las versiones en castellano de las producciones extranjeras más populares, hoy suele preferirse programar aquellos títulos de gran repertorio zarzuelístico que aseguran una mayor presencia de público. El Teatro de la Zarzuela sí ha presentado en los últimos años algo de opereta francesa y de musical americano clásico, pero esas ocasiones siguen siendo excepcionales.

Por eso, esperábamos con expectación esta producción de La viuda alegre de Franz Lehár, proveniente del Teatro Arriaga de Bilbao. Según la intención declarada de su responsable, Emilio Sagi, se trataba de acercar esta opereta al universo del musical, algo que, por el formato característico de la opereta vienesa, es perfectamente factible. Así, se ha optado por presentar una versión muy retocada de la partitura. El acompañamiento, tocado por una orquesta de dieciocho instrumentistas, recordaba más a La ópera de cuatro cuartos de Kurt Weil que a una orquesta convencional. Algunos de los cantantes necesitaron arreglos adicionales en la partitura y se usaron micrófonos en todo el espectáculo sin conseguir, al menos al comienzo, un equilibrio ideal.

Siempre ha manifestado Natalia Millán que no es una cantante de ópera, ni pretende parecerlo; esa actitud es digna de ser valorada. Aunque en principio resultó curioso escuchar la Canción de Bilja cantada sin inflexiones operísticas, hay que reconocer que en su interpretación no dejó de haber cierta elegancia y distinción de la que carecieron algunos de sus compañeros de reparto. Antonio Torres realizó una prestación vocal perfectamente ortodoxa como Conde Danilo, muy en línea con lo que pide su personaje. Habría sido muy interesante haberle podido escuchar sin ayuda de micrófono; seguramente habríamos observado más matices en su interpretación.

La pareja que encarnaba a Valencienne y Camille mostró un rendimiento más irregular. Silvia Luchetti realizó una interpretación muy ajustada a su papel, sin ningún tipo de excesos; fue especialmente interesante su prestación en el segundo acto. Frente a ella, Guido Balzaretti pareció comparativamente algo más afectado. Los demás participantes realizaron una buena actuación, igual que la orquesta, aunque los equilibrios entre los instrumentos fueron algo descuidados al comienzo. Jordi López condujo el espectáculo con viveza y energía.

Con todo, a pesar de la interesante versión musical, el público no entró en el espectáculo. Y es que las partes habladas apenas se aprovecharon. Los actores interpretaron sus papeles con corrección, pero se echó en falta una mayor acidez en el espectáculo; la inclusión de alguna “morcilla” que hubiera relacionado el texto con nuestro mundo actual habría sido bienvenida. Tal como se presentó la obra, el público apenas reaccionó durante la interpretación; hubo pocos aplausos y no se escuchó ninguna risa.

Y es que, cuando se prepara una obra como La viuda alegre, no basta con una serie de transformaciones musicales; también hay que incorporar buenas dosis de humor convenientemente actualizado, como hizo el Metropolitan de Nueva York en su producción más reciente. Sólo así acercaremos a Lehár a Broadway y a nuestra sociedad actual.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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