Halffter Prokofiev Schubert Wagner Elina Vähälä Pedro Halffter 29/01/2016

Melodías

 

Viernes, 29 de Enero de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Elina Vähälä, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. Pedro Halfter Caro, director. Pedro Halfter: Adagio in memoriam Anna Franck para orquesta de cuerdas, (2015, estreno absoluto). Sergei Prokofiev: Concierto para violín y orquesta número 2 en Sol menor, Op. 63, (1935). Franz Schubert: Sinfonía (número 7) en Si menor, D. 759, (Incompleta), (1822). Richard Wagner: El idilio de Sigfrido, WWV 103, (versión para orquesta de cámara arreglada por el autor), (1870). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2015-2016.

 

Una vez  más, el concierto que nos ocupa de la Orquesta Sinfónica de Navarra reunía cuatro obras muy dispares en concepto estético. Sin embargo, tienen un hilo común que justifica que se programen en la misma sesión. Todas estas piezas reúnen melodías de gran inspiración. Tanto Prokofiev como Schubert y Wagner han sido siempre apreciados como grandes melodistas y, al parecer, Pedro Halfter quiere inscribirse en esa tradición. Por supuesto, un concierto repleto de melodías inspiradas, como el que nos ocupa, siempre atrae la atención del público, pero para hacer justicia a estas obras hace falta algo más que concentrarse en un discurso melódico que, por otra parte, casi se sostiene por sí mismo.

La velada se abría con el Adagio en memoria de Anna Franck para orquesta de cuerdas del propio director, Pedro Halfter. Tratándose del hijo de un compositor tan ilustre como Cristóbal Halfter, gran dinamizador de la Generación del 51 e ilustre representante de la más rabiosa vanguardia, era de esperar una obra interesante. Se trata de una breve composición para orquesta de cuerdas, muy emotiva, con mezcla muy inteligente de elementos schönbergianos y straussianos. Por momentos, sobrevuela el fantasma de las Metamorfosis del autor bávaro, gracias a la densidad y el cromatismo de las armonías, pero el tema generador de la obra parece más propio de la Segunda Escuela de Viena. La obra causó una impresión muy honda en el público, que tardó unos segundos más de lo habitual en arrancar a aplaudir.

El Concierto para violín y orquesta número 2 de Sergei Prokofiev es, sin duda, uno de los más importantes del siglo XX, y se da la circunstancia de que fue en Madrid donde se produjo  la primera interpretación. La obra está repleta de melodías de gran lirismo, pero también hay pasajes donde el sarcasmo y el humor negro deben tener su protagonismo. Pedro Halfter se decidió por una visión bastante cantábile de la obra, apoyado por una solista de la talla de Elina Vählälä, técnicamente muy segura y perfectamente dominadora del estilo. Pero en general la interpretación careció de tensión, de garra y de la acidez que demanda esta música. Sólo en el último movimiento, con su carácter más típicamente español, apareció en parte esa cualidad. El público aplaudió con gran fuerza nada más terminar la interpretación, pero la solista finalmente no concedió ninguna propina. Fue una lástima, porque creo que muchos habríamos agradecido el gesto.

La Sinfonía Incompleta de Schubert se ha escuchado varias veces en Pamplona en los últimos años, y en esta ocasión la versión no dejó ninguna huella particular. Fue una interpretación carente de tensión dramática, desproporcionada en los tempi y en donde la poesía inherente a la música de Schubert sólo apareció puntualmente en el segundo movimiento. El concierto se cerró con otra obra muy habitual en Pamplona, El idilio de Sigfrido, una especialidad de la casa para Pedro Halfter. Tomado a tempi muy lentos, pareció en varias ocasiones que la tensión estaba a punto de caer, pero en todo momento se mantuvo una calidad en el fraseo y una pasión que habían estado ausentes en parte del concierto.

En conjunto, fue un concierto algo irregular, en donde el público disfrutó de un programa lleno de lo que los aficionados en general esperan cuando escuchan música: grandes melodías. Si se hubiera contado con un director más dotado para profundizar en los recovecos más escondidos de la música, el éxito habría sido todavía mayor.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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