Arutiunian Shostakovitch Manuel Blanco Georges Pehlivanian JONDE 11/01/2016

Con mano maestra

 

Lunes, 11 de Enero de 2016. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Manuel Blanco, trompeta. Joven Orquesta Nacional de España. George Pehlivanian, director. Alexander Arutiunian: Concierto para trompeta y orquesta, (1950). Dimitri Shostakovitch: Sinfonía número 7 en Do mayor, Op. 60, (Leningrado), (1941). Concierto perteneciente a la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte Octubre 2015-Enero 2016.

 

Las orquestas jóvenes están en auge. Seguramente la fama alcanzada por la Joven Orquesta Simón Bolívar de Venezuela y su director Gustavo Dudamel ha puesto de relieve la importancia de estos conjuntos, y ha sido un importante acicate para las formaciones europeas ya existentes. La preparación técnica que reciben los alumnos en los Conservatorios es cada vez más completa, y como su motivación sigue siendo tan grande como siempre, el nivel ha aumentado considerablemente, para beneficio de todos los amantes de la música. Pero la motivación y la técnica no lo son todo. También hace falta en el podio un músico que sepa templar los ánimos de los componentes de la orquesta y encauzarles por el camino adecuado. George Pehlivanian es, en ese aspecto, un músico con ideas claras y, por tanto, perfectamente capacitado para ello.

El programa que ofreció la JONDE se abría con el Concierto para trompeta y orquesta de Alexander Arutiunian (1920-2012). La composición se divide en tres secciones enlazadas entre sí, y que siguen la estructura habitual del concierto clásico. La parte de trompeta es ciertamente compleja, porque en muchos momentos requiere agilidad y virtuosismo, y en otros gran capacidad  lírica y expresiva. La orquestación es asimismo muy colorista, claramente rimskiana, con un papel especialmente destacado de la sección de viento madera. En esta ocasión, se contaba con la actuación de Manuel Blanco, un solista extraordinario en todos los aspectos; si su actuación en lo técnico a lo largo del concierto fue sobresaliente, todavía nos impresionó más en el Oblivion de Astor Piazzolla, donde logró mantener esas frases tan largas a un tempo muy lento y ornamentó con gran acierto y sensibilidad. La Joven Orquesta Nacional de España acompañó en el Concierto de Arutiunian con entrega absoluta, y Pehlivanian supo destacar la vertiente más lírica de la obra, que propició el lucimiento de los solistas de la madera. Pero lo mejor estaba por llegar.

Dimitri Shostakovitch (1906-1975) compuso su Séptima Sinfonía en 1941, durante el tiempo en que las tropas nazis asediaban la ciudad de Leningrado, donde residía. La obra se divide en cuatro movimientos, de entre los que destaca el primero, en donde se ha interpretado que el compositor soviético quiso representar el horror de la invasión alemana con un crescendo raveliano de fuerte impacto. Los dos tiempos centrales muestran un carácter inquietante y sombrío, y desembocan en un Finale lleno de tensión concluido con una coda falsamente triunfal. En esta obra, la orquesta rindió a su máximo nivel, pero no sólo en conjunto sino también por secciones. Todos los instrumentos solistas, especialmente los de las maderas, tuvieron intervenciones muy logradas. Pehlivanian se tomó la obra con paciencia sin descuidar el drama. El crescendo del primer movimiento fue construido con extraordinario cuidado y la tensión se mantuvo en los dos siguientes, algo complicado de lograr tras el imponente inicio. Un final brillantísimo concluyó una versión que nos dejó un sabor amargo, como debe ocurrir en esta obra, algo que el público supo apreciar con fuertes ovaciones.

El programa citaba el nombre de los instrumentistas de la orquesta e incluía un pequeño texto de Jose Luis Turina, director artístico de la JONDE, en donde se agradecía la disposición de la dirección de Baluarte para la preparación de los encuentros celebrados; no había comentarios sobre las obras, algo que muchos habrían agradecido especialmente en el caso del Concierto.

En conjunto, fue una nueva demostración de que, contando con un buen director al frente, una orquesta joven puede alcanzar las más grandes cotas. La formación técnica de estos estudiantes y, sobre todo, su extraordinaria motivación hacen el resto.

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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