El barbero de Sevilla AGAO Teatro Gayarre 29/10/2016

¡Esto es ópera!

 

Sábado, 29 de Octubre de 2016. Teatro Gayarre de Pamplona. El barbero de Sevilla: Ópera bufa en dos actos con libreto de Cesare Sterbini y música de Gioachino Rossini, estrenado en el Teatro de Torre Argentina de Roma el 20 de Febrero de 1816. Juan Francisco Gatell (Conde de Almaviva), Carlos Chausson (Doctor Bartolo), Carol García (Rosina), Borja Quiza (Fígaro), Jeroboám Tejera (Don Basilio), Jon Arretxe (Fiorello / Un oficial), Sofía Esparza (Berta), Pedro del Burgo (Ambrogio), Alberto San Martín (Notario). Escuela de Danza Diana Casa. Coro Premier Ensemble de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Virtuosi Brunensis. María Eugenia Corbacho, directora de escena y dramaturgia. Sergio Alapont, director musical. Producción de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera.

 

El espectáculo operístico es el más completo creado por la mente humana, teniendo en cuenta la confluencia en él del canto, el teatro, la escenografía y la danza, entre otras artes. Precisamente por ello no es habitual que en una representación todos los elementos funcionen a buen nivel. Contando sólo con la vertiente musical, reunir un reparto, orquesta, coro y director adecuados para una ópera es siempre complejo y, aunque se consiga, mil y un factores pueden hacer que los resultados deseados no se produzcan. Por eso, una función como la que nos ocupa de El barbero de Sevilla es algo digno de celebración, pues el equipo vocal resultó especialmente equilibrado dentro de un nivel general muy alto.

Fue el caso de la mezzosoprano Carol García, que posee la voz exacta requerida para cantar la Rosina de El barbero de Sevilla, así como la técnica belcantista indispensable. Ya desde su aria de entrada, quedó claro su dominio del fraseo rossiniano y de las agilidades y adornos. Su composición del personaje fue quizá algo unilateral, porque esta Rosina no fingía en ningún momento, ni siquiera cuando se enfrentaba en el primer acto al Doctor Bartolo. Pero en todo caso, éste es un reparo menor, dada la convicción y la eficacia con la que García ofreció una parte tantas veces deformada por las sopranos.

Juan Francisco Gatell completó igualmente una gran actuación como el Conde de Almaviva. Su voz de tenor ligero es ideal para el papel, y a lo largo de toda la función demostró dominio del fraseo y de la agilidad. Es verdad que al afrontar el aria del segundo acto, restituida según la costumbre reciente iniciada por Juan Diego Flórez, se notó el cansancio acumulado, pero la composición general del personaje fue muy lograda y así supo reconocerlo el público.

El Fígaro de Borja Quiza fue muy aclamado, sobre todo por su prestación actoral. Musicalmente realizó una muy buena actuación, iniciada con un “Largo ad factótum” magnífico; para redondearla, habría necesitado algo más de seguridad en el canto florido, como evidenció en su dúo con Rosina. No parecen afectarle esos problemas a Carlos Chausson, que ofreció los trabalenguas rossinianos con la facilidad insultante a la que nos tiene acostumbrados. Eso sí, esos trabalenguas fueron la punta del iceberg: Chausson ha adquirido un dominio tan grande del personaje que consiguió hacernos reír desde el momento en el que decía su primera frase en cualquier recitativo, convirtiéndose en lo mejor de la función.

Lo menos distinguido de este reparto fue Jeroboám Tejera como Don Basilio. Dejando a parte el desajuste en el aria de la calumnia, se excedió en el retrato de su personaje y pareció olvidar en más de un recitativo la importancia de mantener las formas canoras. No ocurrió eso con la Berta de Sofía Esparza, que cantó su aria con facilidad y sin los excesos a los que le podía haber animado la ligera dirección de Alapont. Los personajes secundarios cumplieron con dignidad.

Sergio Alapont se afanó por mantener la viveza de la representación. Aunque provocó con la rapidez de sus tempi algunos desajustes al comienzo, entró en materia y convenció por su conocimiento y buen hacer. Después de una obertura donde a la orquesta le costaba mantener el tempo, todo fue ajustándose poco a poco, aunque el conjunto no era de primera fila. El Coro de la AGAO ha tenido tardes mejores, pero actuó con eficacia.

Fue una importante función de El barbero de Sevilla donde el reparto fue en general muy bien escogido. Posiblemente fue la mejor producción de ópera escenificada que se ha dado en Pamplona en los últimos años, teniendo en cuenta todos los aspectos musicales. Este comentarista salió del teatro diciendo: “¡Esto es ópera!”.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *