Guridi Usandizaga Turina Chapí Cristóbal Soler 10/12/2015

Desde los márgenes

 

Jueves, 10 de Diciembre de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Cristóbal Soler, director. Jesús Guridi: El caserío: Preludio del acto II, (1926). Diez melodías vascas, (1941). Jose María Usandizaga: Las golondrinas: Pantomima, (1914). Joaquín Turina: La oración del torero, Op. 34, (1926). Ruperto Chapí: Fantasía morisca, (versión para orquesta sinfónica preparada por el autor en 1879), (1873). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2015-2016.

 

Dentro del riquísimo panorama de la música española de finales del siglo XIX y comienzos del XX, es habitual que los analistas musicales, sobre todo los extranjeros, centren su atención en tres autores principales: Isaac Albéniz, Manuel de Falla y Enrique Granados. Son tres compositores fundamentales para entender el desarrollo de la música española que, además, influyeron profundamente en otros compositores extranjeros.

Pero además de estos autores tan importantes, también se dieron otras voces que no han tenido tanta repercusión, aunque sí han contado con el favor del público. El concierto que nos ocupa agrupaba a cuatro de ellos, como son Jesús Guridi, Jose María Usandizaga, Joaquín Turina y Ruperto Chapí. Los cuatro escribieron obras muy hermosas y que merecen nuestra atención. De ahí que fuese éste uno de los programas más equilibrados de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra; si además entendemos que éste ha sido el concierto mejor interpretado de lo que llevamos de ciclo, el disfrute del público fue considerable.

El programa se abría con el célebre preludio del segundo acto de El caserío de Guridi, al que siguieron las Diez melodías vascas del mismo autor. Se trataba de músicas con fuertes resonancias del folklore vasco, a las que Cristóbal Soler supo dotar de sentido rítmico y fraseo expresivo en las dosis adecuadas. Especialmente destacable fue la interpretación del fragmento de El caserío, donde la orquesta rindió a nivel extraordinario.

La obra de Jose María Usandizaga está este año de especial actualidad, por cumplirse el centenario del fallecimiento del compositor a una tempranísima edad. En su caso, ésta ha sido la principal razón de que hoy no se interprete su música, puesto que la producción que de él conservamos es de gran calidad. Esta Pantomima de Las golondrinas, tal vez su obra más conocida, muestra dramatismo y sentido del misterio, aunque posiblemente no llegue al extraordinario nivel de la ópera La llama, con su sabia mezcla de influencias debussystas y puccinianas, que la Sinfónica de Euskadi ofreció hace algunos meses. Cristóbal Soler supo interpretar la obra con convicción y logró sacar de la composición toda su esencia teatral.

Seguramente es La oración del torero la obra más conocida de Joaquín Turina, con su aire andalucista y sus resonancias de pasodoble y cantares flamencos. Contando con un director experto, la Orquesta Sinfónica de Navarra sí consiguió la atmósfera poética adecuada, creando ese ambiente ensoñado y contrastado que el autor quiso buscar. Finalmente, los recuerdos de adolescencia afloraron al escuchar la Fantasía morisca de Chapí, cuyo tercer movimiento fue usado por Radio Clásica hace algunos años para introducir las retransmisiones de conciertos de orquestas españolas. De inspiración algo irregular, en esta obra se mezclan momentos de evocación oriental muy marcada y eficaz, con otros algo más grandilocuentes y de cara a la galería. Cristóbal Soler supo potenciar la música en toda su magnitud, especialmente en los momentos más intimistas, donde las maderas de la orquesta tuvieron oportunidad de destacar. Fue una gran ocasión de descubrir a Ruperto Chapí fuera del género lírico.

El éxito del concierto fue superior al habitual, lo que se vio recompensado con el preludio de El tambor de granaderos del propio Chapí, interpretado con garra y espectacularidad, para gran deleite del público. Fue ésta una de esas ocasiones en las cuales el público sale especialmente satisfecho de la sala. No era para menos.

 

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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