Weber Villa-Lobos Schubert John Neschlin 13/11/2015

Alta tensión

 

Viernes, 13 de Noviembre de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. John Neschlin, director. Carl Maria von Weber: Oberón: Obertura, (1826). Héitor Villa-Lobos: Bachiana brasileira número 2, (1930). Franz Schubert: Sinfonía número 4 en Do menor, D. 417, (Trágica), (1816). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2015-2016.

 

El concierto que nos ocupa no era, a primera vista, el que más expectación podía producir en un público general. Ninguna de las tres obras programadas era, desde luego, la más conocida de sus respectivos autores, aunque sí es cierto que la obertura de Oberón de Weber se ha escuchado alguna vez en Pamplona en los últimos años. Sin embargo, y como viene ocurriendo ya en varias ocasiones en esta temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra, el público salió satisfecho del resultado del concierto. No faltaron razones para ello: tuvimos oportunidad de escuchar un concierto importante, de los que ofrecen verdadero interés por las novedades en cuanto a repertorio y por unas interpretaciones comandadas por un maestro conocedor.

Ya en la referida obertura de Oberón de Weber, Neschlin demostró sus credenciales como director. Hizo sonar a la orquesta con gran densidad, recreando perfectamente la atmósfera germánica pedida por el compositor. Para el grueso de la obra, sin embargo, el tempo fue acertadamente ligero y la música fluyó con naturalidad, al margen de alguna transición algo menos cuidada. Pero lo mejor estaba por llegar.

Quienes conocen a Héitor Villa-Lobos sólo por sus obras para guitarra o por la Bachiana brasileña número 5, escrita para soprano y doce violonchelos y grabada por Victoria de los Ángeles en una interpretación antológica, seguramente se asombraron mucho al escuchar esta Bachiana brasileña número 2, compuesta en 1930. Ésta es, sin duda, una obra más sombría y dramática; incluso el tercer movimiento muestra algunos clímax de fuerte impacto expresionista. El Villa-Lobos más folclórico sólo aparece en la sección central del primer movimiento y, naturalmente, en la descripción del ferrocarril en plena selva amazónica en el cuarto movimiento, mucho menos mecanicista de lo habitual en estos casos. Fue ese dramatismo el que Neschlin quiso destacar, algo que seguramente fue de agradecer, porque contribuye a universalizar una figura que, como la de Héitor Villa-Lobos, apenas suele aparecer sino en las notas al margen de los libros de Historia de la Música del siglo XX.

La segunda parte se completó con la Sinfonía número 4 de Franz Schubert, una obra que se toca con poca frecuencia en Pamplona y que, sin embargo, creemos que es importante porque representa el momento en donde empiezan a mostrarse las señas de identidad del Schubert adulto. Tras una introducción muy bien medida, siguió una interpretación artesana, carente de efectos fáciles y de un dramatismo intenso y sincero. Incluso el segundo movimiento, verdadera piedra de toque para quien interprete la obra, fue tomado con esa mezcla de delicadeza y drama que debe poseer esta música. El final, adecuadamente tempestuoso y dramático, fue llevado con gran viveza, hasta el punto de que la coda, algo escasa teniendo en cuenta lo que se ha escuchado previamente, no pareció fuera de lugar.

En conjunto, fue un concierto de gran interés, marcado por el dramatismo del concepto general de Neschlin y por una orquesta claramente motivada, que sacó a relucir su sonido más denso y germánico. Mientras llega el siguiente concierto, dedicado a la música española, aún quedará una importante función de ópera. Pero eso llegará a su debido tiempo, la semana que viene.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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