Mozart de Pablo Falla Roberto Fabbriciani Lola Casariego Jose Ramón Encinar 03/11/2015

La quintaesencia

 

Martes, 3 de Noviembre de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Roberto Fabbriciani, flauta. Lola Casariego, soprano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Jose Ramón Encinar, director. Wolfgang Amadeus Mozart: La flauta mágica, KV 620: Obertura, (1791). Luis de Pablo: Pensamientos, (Rapsodia para flauta y orquesta), (estreno absoluto), (2014). Manuel de Falla: El sombrero de tres picos, (versión revisada del ballet completo), (1919). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2015-2016.

 

Los grandes compositores de la Historia de la Música han manifestado dones muy distintos entre sí. Algunos de ellos, muy pocos, poseían el don de la economía. Más allá de la mayor o menor duración de sus obras, con ellos siempre queda la sensación de que no sobra ni falta ninguna nota; el mensaje expresivo de la obra está tan concentrado que parece imposible pensar que esas ideas musicales hubieran podido llevar un curso distinto. Es el caso de Mozart en sus mejores obras, de Bach, de Chopin o de Anton Webern.

Al escuchar Pensamientos, la nueva rapsodia para flauta y orquesta de Luis de Pablo estrenada en el concierto que nos ocupa, nos quedó esta sensación de la que hablamos. El compositor bilbaíno, que a la sazón ha cumplido este año sus primeros 85 años de existencia, parece haber llegado a un dominio extraordinario de todos los recursos orquestales. Esta suerte de concierto para flautas de diversos tipos y orquesta pretende ser, según él, una reflexión sobre los pensamientos humanos y sus manifestaciones, pero por encima de todo es un tratado de composición puntillista. La obra sobrepasa las interpretaciones extramusicales; es la esencia de la música, el color orquestal, el manejo del silencio. Esto fue particularmente evidente en las secciones lentas de la obra, de gran intimismo. No hay efusión lírica ni gestos expresionistas gratuitos; incluso el lenguaje armónico recuerda a Webern. La parte de flauta es muy difícil, pero gracias a Roberto Fabbriciani el reto técnico quedó en un segundo plano. Igualmente Jose Ramón Encinar manifestó un extraordinario dominio de la partitura, magníficamente realizada en todos los aspectos. La complejidad de la partitura hizo que buena parte del público la recibiera con tibieza tras esta primera audición, pero sin duda la obra es extraordinaria.

Al comienzo del concierto, Jose Ramón Encinar había conducido una versión sólida de la obertura de La flauta mágica, que tal vez se habría beneficiado de unos silencios algo más breves o sentidos. Pero el otro gran punto de interés de la velada era la versión completa de El sombrero de tres picos de Falla, una rareza en las salas de conciertos frente a la presencia de las suites del ballet. Jose Ramón Encinar realizó una versión en donde predominaron los elementos líricos sobre los raciales. Había bastante atisbo de melancolía, que hizo descubrir momentos a menudo soslayados como la Danza de los vecinos o algunas de las reminiscencias dieciochescas. Pero faltó cierto dominio sobre la vertiente rítmica de la partitura, no tanto en los momentos más intrincados, como la Jota final, sino en algunos aparentemente más sencillos, como la Danza de la molinera o sobre todo el final de la Farruca, donde el acelerando debió haber sido más gradual. En todo caso, la orquesta realizó una buena labor y Lola Casariego resolvió con gran propiedad estilística sus dos breves intervenciones, escuchándose algún olé espontáneo al margen de los escritos por Falla en la primera de ellas.

En conjunto, fue un concierto de gran nivel, en donde sobre todo descubrimos la música de un compositor como Luis de Pablo que, dominador de todos los recursos de su oficio, ha conseguido lograr ese don de la economía y el equilibrio orquestal tan preciado por los músicos. Si en su juventud Luis de Pablo revolucionó la escena musical española, la serenidad que ha encontrado en su madurez sigue conmoviendo a quienes nos dejamos llevar por una música esencial, carente de gestos.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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