Duruflé Requiem Coral Barañáin 25/10/2015

Volviendo a los orígenes

 

Domingo, 25 de Octubre de 2015. Iglesia abacial del Monasterio de San Salvador de Leyre. Amaia Larráioz, soprano. José Antonio Hoyos, barítono. Irati Goñi, violonchelo. Coral de Barañáin. Jose Luis Echechipía, órgano. Pello Ruiz, director. Maurice Duruflé: Requiem, Op. 9, (1947). Concierto inscrito en el encuentro anual de la Asociación de Amigos de Leyre.

 

Los aficionados a la música clásica tienden a olvidar que el canto gregoriano es, en muchos aspectos, el origen de la música occidental. Fueron las melodías gregorianas las que inspiraron a los primeros polifonistas medievales conocidos y el canto llano ha estado presente después en la música de todas las épocas. Muchos corales luteranos fueron melodías gregorianas adaptadas a textos alemanes, y como tal aparecen en las obras de Bach. Y por supuesto, podemos encontrar material gregoriano o similar en obras de Mozart, Berlioz, Liszt, Bruckner, Verdi, Mahler, Rachmaninov y muchos otros.

El concierto que nos ocupa, que la semana anterior se había realizado asimismo en Vera de Bidasoa en el contexto del Ciclo de Órgano de Navarra, se ofreció al final de una misa en homenaje a los Reyes de Navarra enterrados en la propia iglesia del Monasterio de Leyre con ocasión del centenario de la vuelta de dichos restos al lugar. Como tal, buena parte del Propio de la misa precedente había consistido en el material de la misa de difuntos gregoriana. En concreto, pudieron escucharse el Kyrie, el Sanctus, el Agnus Dei y el Lux aeterna.

Era éste un contexto ideal para enfrentarse a una obra como el Requiem de Duruflé, literalmente surgida de las melodías de la misa de difuntos gregoriana. Tal vez el caso más evidente es el del Introito y el Kyrie, que se escuchan sin pausa intermedia, donde en medio de vocalizaciones de la sección femenina del coro se escuchan los motivos gregorianos en los tenores. El resultado de esa mezcolanza de modos antiguos y modernos es muy sugestivo y atmosférico, y posiblemente la influencia del lugar nos habría inspirado a nosotros una interpretación tendente a buscar la espiritualidad y a intentar anular los contrastes de la obra.

No fue el caso. Pello Ruiz buscó una interpretación muy contrastada, de tempi bastante ágiles y sin miedo a los pasajes más dramáticos de la página. En ese aspecto, fue muy revelador el Domine Jesu Christe, en donde la Coral de Barañáin se mostró especialmente poderosa. También los solistas, en particular Jose Antonio Hoyos, interpretaron sus partes con bastante sentido dramático, por momentos  imponente. En general, el coro se mostró bien afinado (no había sido siempre  así cuando interpretaron el Introito al comienzo de la misa), y respondió con eficacia a las indicaciones de un director que, tal vez, podría haberse tomado la obra con más tranquilidad. En todo caso, los aplausos fueron importantes y merecidos.

Al final del concierto, los miembros de la Coral de Barañáin no desaprovecharon la oportunidad, propiciada por el buen tiempo, de hacerse fotografiar en las escaleras de entrada a la iglesia y ofrecer algunas canciones al público presente. Tanto los seguidores de la Coral como los asistentes al encuentro de la Asociación de Amigos de Leyre y los turistas agradecieron sin duda esta sorpresa.

En conjunto, este concierto fue una nueva demostración de hasta qué punto el canto gregoriano impregna, todavía hoy, la música occidental. Escuchar una obra como ésta en un lugar como Leyre es siempre una experiencia extraordinaria.

 

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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