Sarasa Berlioz Beethoven Orquesta Conservatorio 20/05/2015

Escuchando a los jóvenes

 

Miércoles, 20 de Mayo de 2015. Auditorio de la Ciudad de la Música. Íñigo Mikeleiz, acordeón. Beatriz Aguirre, mezzosoprano. Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Navarra. Josep Vicent Egea, director. Xabier Sarasa: Tiento IV para orquesta y acordeón principal, (2014). Hector Berlioz: Las noches de verano, Op. 7, (versión para voz y orquesta del propio compositor realizada en 1857): Selección, (1841). Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 4 en Si bemol mayor, Op. 60, (1806). Concierto final de curso de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Navarra.

 

Llegadas estas fechas de final de curso, es el momento de recordar que el Conservatorio Superior de Música de Navarra sigue ofreciendo conciertos de gran interés. Llegan ahora los recitales de fin de estudios y la presentación de las investigaciones y obras realizadas por los alumnos que se gradúan, y para empezar se han ofrecido ya los conciertos finales de las agrupaciones instrumentales. El concierto de la Orquesta Sinfónica del mencionado Conservatorio atrajo inmediatamente nuestra atención.

Y es que la primera obra del programa fue compuesta el año pasado por Xabier Sarasa, un alumno del propio Centro. Tiento IV es una especie de concierto para acordeón, que muestra un exacto conocimiento de muchas de las técnicas de composición del siglo XX. Si el comienzo recuerda por sus juegos rítmicos a Stravinsky, la sección central tiene un tinte salonesco y cierta languidez pseudoimpresionista; los clusters y las exclamaciones de la orquesta pueden contraponerse con la virtuosa e intimista cadencia del acordeón principal. La obra funciona muy bien en este formato orquestal y es perfectamente digna de ser tenida en cuenta por cualquier orquesta que se precie. La del Conservatorio actuó con mucha seguridad y apoyó con pulcritud la actuación solista de Íñigo Mikeleiz, que demostró su habitual musicalidad y capacidad técnica. La propina que ofreció no hizo sino confirmar un merecido éxito personal.

Las noches de verano de Hector Berlioz es una obra compleja tanto para el cantante como para la orquesta. En el caso de los cantantes, la complejidad viene del hecho de que, en principio, cada canción parece exigir cualidades distintas de su intérprete, y saber adaptarse a ello no está al alcance de todos. En el caso de la orquesta, la instrumentación está realizada con precisión y finura casi científicas, de manera que hacer notar las combinaciones tímbricas exactas no es nada sencillo. Beatriz Aguirre matizó con gran sensibilidad los textos de las canciones. Aunque a su voz le faltó quizá algo más de entidad para hacerse oír por encima de la orquesta, su actuación fue muy completa. La Orquesta del Conservatorio interpretó la obra con marcada atención a los detalles; destacó la actuación de las maderas que, bien instruidas por la batuta, supieron ofrecer ese sonido característico de las orquestas francesas que ahora parece estar en peligro de extinción.

En la Cuarta Sinfonía de Beethoven que cerró el concierto, la orquesta no demostró la misma seguridad. Vicent Egea condujo una interpretación artesanal, de tempi lentos y bien medida en su conjunto, aunque quizá algo falta de articulación y de empuje en momentos puntuales, como el Scherzo. Posiblemente el esfuerzo de la preparación de las primeras piezas restó tiempo de ensayo para la sinfonía.  En todo caso, el resultado no careció de interés.

En conjunto, fue un concierto de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Navarra de considerable nivel. En particular, confiamos en que más compositores tengan oportunidad de presentar sus obras en conciertos próximos y, por nuestra parte, no dejamos de recomendar a nuestros amables lectores que sigan escuchando a nuestros músicos jóvenes.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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