van der Roost Reed Sweerts de Meij 26/04/2015

Beethoven al extremo

 

Domingo, 26 de Abril de 2015. Teatro Gayarre de Pamplona. Banda de Música La Pamplonesa. Josep Vicent Egea, director. Jan van der Roost: Olympica, (1992). Alfred Reed: Danzas armenias: Segunda parte, (1976). Piet Swerts: Martenizza, (1993). Johan de Meij: Extreme Beethoven, (Metamorfosis sobre temas de Ludwig van Beethoven). Concierto organizado por la Banda de Música La Pamplonesa.

 

Después de realizar una serie de programas a base de transcripciones de obras orquestales e incursiones en el jazz, la Banda de Música La Pamplonesa ha vuelto a ofrecer un programa compuesto por obras originales para banda. En esta ocasión, el interés se centraba en la obra que cerraba el concierto. Si ya hace dos años Extreme make-over de Johan de Meij causó sensación, se esperaba con expectación lo que el compositor holandés ofrecería en Extreme Beethoven y ciertamente la obra no ha defraudado, pero antes hemos de ocuparnos del resto del programa.

Olympica del compositor flamenco Jan van der Roost es una característica obertura para banda de concierto, con dos secciones extremas de extraordinaria brillantez y una sección central de profundo lirismo, a la manera de un coral. Es una buena pieza para impresionar al público desde el comienzo, pero La Pamplonesa no ofreció lo mejor de sí. Fue la dirección de Egea, muy inteligente, y la actuación de los solistas de la madera, muy musical, la que dotó de interés a la interpretación.

El firmante ha escuchado varias veces en vivo las Danzas armenias de Alfred Reed y la impresión es generalmente idéntica. La tercera danza de este ciclo, más larga, más espectacular en la orquestación y de carácter más rítmico, tiende invariablemente a eclipsar a las otras dos. Egea trató de evitarlo subrayando el lirismo de la escritura, ayudado nuevamente por las maderas de la Banda. Pero en todo caso fue el brío y la intensidad de Lorva Horovel, interpretada con precisión rítmica y extraordinaria seguridad técnica, la que enganchó por primera vez al público.

Martenizza de Piet Sweerts no alcanza tanto interés, más aún después de haber escuchado el final de la obra de Reed, que es de estilo similar y más brillante. Vicent Egea la interpretó en todo caso con convicción y energía. Lo interesante de la segunda parte era Extreme Beethoven, una gran fantasía sobre temas del compositor de Bonn tratados con extraordinaria libertad. Como material se emplean motivos y sugerencias melódicas y rítmicas de las nueve sinfonías, la obertura Egmont, el Concierto Emperador, la Sonata Claro de Luna, Las ruinas de Atenas y, ocasionalmente, obras de otros autores (Tercera Sinfonía de Mahler, Primera Sinfonía de Brahms y Consagración de la primavera de Stravinsky). Las dificultades rítmicas y técnicas son numerosas, por no citar el momento en el que un grupo de músicos se desliga de la banda para hacer una intervención sorpresiva y de gran fuerza cómica por el patio de butacas. El resultado es brillante y espectacular y la Banda Pamplonesa supo interpretarlo con extraordinaria precisión, al mando de un Vicent Egea claramente inspirado. El final desató algunos bravos entre el público.

En conjunto, recordaremos este concierto sobre todo por esta nueva obra de Johan de Meij, que replantea la música de Beethoven desde la admiración pero con una luz nueva, que a nadie deja indiferente. Explotar las obras de un genio es difícil y parece complicado llegar más lejos en este terreno.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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