Berlioz Mahler Liszt Shostakovitch Vicent Egea 15/03/2015

Contención

 

Domingo, 15 de Marzo de 2015. Teatro Gayarre de Pamplona. Banda de Música La Pamplonesa. Josep Vicent Egea, director. Hector Berlioz: La condenación de Fausto, Op. 24: Marcha húngara, (transcripción para banda de concierto de Ángel Arias Maceín), (1846). Gustav Mahler: Sinfonía número 1 en Re mayor, (Titán): Cuarto movimiento, (transcripción para banda de concierto de Hardy Mertens), (1896). Ferenc Liszt: Los preludios (poema sinfónico número 3), S. 97, (transcripción para banda de concierto de T. Conway Brown), (1854). Dimitri Shostakovitch: Sinfonía número 5 en Re menor, Op. 47: Cuarto movimiento, (versión para banda de concierto de Charles B. Righter(1937). Concierto organizado por la Banda de Música La Pamplonesa.

 

El concierto que nos ocupa tenía un hilo conductor evidente que sirvió como título del mismo. En efecto, se trataba de un concierto de “transcripciones célebres”, o versiones para banda de concierto de clásicos orquestales que se han asentado como tales en el repertorio, y que sirvieron para dar a conocer el repertorio sinfónico al gran público. En los cuatro casos, las obras se prestaban a ello, por cuanto que la escritura original ofreciía oportunidades de lucimiento a maderas y metales. De hecho, las transcripciones resultan muy efectivas y, en los casos de las obras de Mahler y Shostakovitch, sorprendentemente exactas comparando con el original para orquesta.

Además , las obras de este concierto tenían otro punto en común, y es que están llenas de espectacularidad y de gestos retóricos. La grandeza y el triunfalismo suponen una complicación para los directores, que pueden verse arrastrados a construir interpretaciones pesantes y poco interesantes. Pero también puede ocurrir lo contrario; a veces, los directores hacen tanto esfuerzo por escapar de la grandilocuencia que el resultado termina siendo deslavazado y poco motivador. Josep Vicent Egea es, ciertamente, un director experimentado que sabe huir de ambos extremos, aunque en general tiende a la contención.

Esta postura no nos pareció  adecuada en la Marcha húngara de La condenación de Fausto, una obra que encontró a la banda en proceso de “calentamiento” y que apenas permite entrar en materia. Más interesante resultó el Finale de la Primera Sinfonía de Mahler, una obra en la que los directores de orquesta tienden a exagerar los contrastes. Vicent Egea optó por una interpretación de gran coherencia en las relaciones de tempo, que supo mostrar al público los contrastes de carácter sin perder unidad. Para terminar de convencer del todo, habría sido de desear una sección final más grandiosa y monumental, pero a la postre la solución adoptada resultó bastante efectiva.

El momento cumbre del concierto se alcanzó en la interpretación de Los preludios de Liszt. En esta obra, la escritura original para la orquesta ya depara grandes momentos de lucimiento a las maderas, que el transcriptor para banda respetó en todos los casos. Los solistas de oboe, clarinete y flauta demostraron una vez más su valía, y Vicent Egea se dejó arrastrar por la magia de las secciones líricas. Las secciones más tempestuosas adquirieron la fuerza gráfica necesaria y el final,  sin ser especialmente grandioso, convenció plenamente.

El arreglo del Finale de la Sinfonía número 5 de Shostakovitch muestra un estudio concienzudo de la música original para banda del siglo XX, y La Pamplonesa mostró especial afinidad al interpretarlo. Al igual que en Mahler, Egea optó por buscar una interpretación bien estructurada y calculada en las relaciones de tempo, y destacó en las secciones líricas, que adquirieron toda su poesía. En esta ocasión no pareció necesaria más grandeza en la sección final; incluso en las sinfonías de Shostakovitch que teóricamente tienen un final más triunfalista, como la Séptima, siempre ha de quedar un poso de amargura.

En conjunto, fue un concierto de gran interés, en donde el público se reencontró con cuatro obras muy significativas del repertorio orquestal en arreglos más que eficientes para conjunto de viento. Eso sí, tal como era de esperar, primó una sensación de contención y rigor que, en la mayoría de los casos, fue bienvenida.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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