Falla Villa-Lobos Halffter Ravel Hahn María José Montiel Laurence Verna 03/03/2015

Tándem perfecto

 

Martes, 3 de Marzo de 2015. Teatro Gayarre de Pamplona. María José Montiel, mezzosoprano. Laurence Verna, piano. Obras de Manuel de Falla, Héitor Villa-Lobos, Jayme Ovalle, Ernesto Halffter, Maurice Ravel, Reynaldo Hahn, Claude Debussy, Jules Massenet y Camille Saint-Saëns. Concierto inscrito en el Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2014-2015.

 

Las personas con discapacidad visual practicamos el ciclismo de una manera muy particular. En lugar de usar las bicicletas individuales habituales, debemos utilizar un tándem, que es una bicicleta especial para dos personas. Una persona vidente controla los cambios y los aspectos más mecánicos, e idealmente los dos tienen que pedalear con la misma intensidad y coordinación, al menos si se desea avanzar con la suficiente rapidez sin que ninguna de las dos personas proteste. Pues bien, un concierto dedicado a la canción requiere por parte de los dos protagonistas un esfuerzo similar al de practicar ciclismo en tándem. El cantante debe plegarse a las necesidades expresivas, y olvidarse de la tentación de exhibirse vocalmente y convertir un concierto de música y poesía en un festival de agudos. Pero asimismo el pianista también tiene que cumplir su parte, y en lo posible, no limitarse a tocar lo que le corresponde según la partitura, sino iluminar el texto y crear en cada canción la atmósfera adecuada.

Se esperaba mucho de la actuación en el Ciclo de Grandes Intérpretes de María José Montiel, y ciertamente no ha defraudado. Desde el comienzo de El paño moruno, la primera de las Siete canciones populares españolas de Falla, quedó claro que se prometía una gran velada. La interpretación que Montiel realizó del ciclo fue más temperamental de lo que se ha escuchado recientemente a otros intérpretes por estos pagos, lo que tiene su razón de ser por la propia voz de Montiel, más amplia. Asimismo, fueron extraordinarias las tres canciones en portugués que completaron la primera parte, destacables por su aire lánguido y decadente muy bien captado por la cantante.

Pero fue en la segunda parte donde se disfrutó de lo mejor de la velada. En particular, a nuestro juicio hubo dos momentos culminantes. El primero fue la interpretación de A Cloris de Reynaldo Hahn, desgranado a tiempo muy lento y con una variedad de inflexiones y de filados extraordinaria. El segundo fue, por supuesto, el aria de Sansón y Dalila de Saint-Saëns, ante la cual nadie podía haber quedado indiferente. La mezzosoprano consiguió un éxito considerable, y ofreció como propina la Habanera de Carmen de Bizet, después de hacer un emocionado recuerdo a Julián Gayarre y agradecer el trabajo en favor de las personas que padecen enfermedades raras realizado por el Centro CIMA en Navarra. Al parecer, Montiel actuará próximamente en un concierto benéfico en favor de la referida asociación.

Nada de todo esto que decimos habría sido posible, sin embargo, sin la extraordinaria contribución de Laurence Verna. La pianista francesa ofreció un acompañamiento trabajadísimo, compatibilizando los aspectos más raciales del ciclo de Falla o de la canción de Ravel con un sentido del color impresionista y un sapientísimo manejo del tempo rubato. Difícilmente se puede tocar mejor.

En conjunto, fue un concierto memorable que, si tuvo algún defecto, fue la brevedad del programa escogido. El público era escaso en número pero disfrutó extraordinariamente, y con toda razón. Y es que en un recital de canción es muy difícil que el tándem conformado por cantante y pianista funcione de una manera tan perfecta.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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