Rossini Weber Suppé Vicent Egea 18/01/2015

Una de oberturas

 

Domingo, 18 de Enero de 2015. Teatro Gayarre de Pamplona. Banda de Música La Pamplonesa. Josep Vicent Egea, director. Gioachino Rossini: El barbero de Sevilla: Obertura, (1816). Carl Maria von Weber: El cazador furtivo: Obertura, (1821). Franz von Suppé: Poeta y aldeano: Obertura, (1846). Caballería ligera: Obertura, (1866). Carl Maria von Weber: Oberón: Obertura, (1826). Gioachino Rossini: Guillermo Tell: Obertura, (1829). Concierto organizado por la Banda de Música La Pamplonesa.

 

Uno de los presentadores habituales de Radio Clásica, Carlos de Matesanz, ha mantenido desde siempre una máxima: todos los programas que él presentan se inician con un preludio o una obertura. Parece esto algo de perogrullo, porque al fin y a la postre las oberturas fueron escritas para iniciar un espectáculo operístico o teatral. Tal vez por eso es tan habitual que las orquestas sinfónicas introduzcan las oberturas de ópera como primera obra de sus conciertos.

Lo que no es tan frecuente es que una orquesta sinfónica llene un programa de concierto a base de oberturas, por muy famosas que éstas sean. Sí es esto más habitual en el caso de las bandas de concierto, porque es verdad que algunas de las oberturas más célebres del repertorio, especialmente a partir del siglo XIX, han sido arregladas para el conjunto de viento con plena eficacia. La Pamplonesa ha decidido abrir el año con un programa de oberturas, incluyendo algunos de los grandes éxitos del género. El programa se centraba en el repertorio alemán, pero también hubo un par de excursiones rossinianas.

Ha de destacarse la calidad general de los arreglos, en general auténticos clásicos. La excepción era la transcripción de la obertura de El barbero de Sevilla de Rossini, cuyo original se prestaba menos a una transformación para un conjunto de estas características. Por otra parte, resulta gratificante ver incluidas las dos oberturas de Franz von Suppé entre las de Weber y Rossini. Tanto los Strauss, como Lanner, Suppé, etc., tienen suficiente calidad como para no estar restringidos a conciertos de tipo “Año Nuevo” vienés.

En cuanto a la interpretación, La Pamplonesa rindió a muy buen nivel, apoyándose sobre todo en una sección de maderas excelente. Si los clarinetes realizaron una magnífica actuación en El cazador furtivo, el conjunto de saxofones destacó en el comienzo de la obertura de Guillermo Tell, sin olvidarnos del magnífico solo de este último instrumento en la obertura de Poeta y aldeano. El conjunto resultó empastado y cohesionado, y se notó el trabajo técnico a lo largo de unas obras que, en estas transcripciones, no son tan fáciles como podría parecer.

Vicent Egea, como es su costumbre, no intentó forzar, e interpretó las obras para maximizar la comodidad de los músicos. Esto se agradeció especialmente en El cazador furtivo, en donde la densidad de la escritura cobró especial importancia, como reflejo del bosque que domina la acción de la ópera. Resultaron muy elegantes las interpretaciones de las oberturas de Suppé, con una Caballería ligera que trotaba con un paso más aristocrático del que estamos acostumbrados a escuchar. Finalmente, la obertura de Guillermo Tell resultó asimismo de gran nivel. El galop final fue particularmente revelador: la precisión en la realización de la música, si se acompaña con el suficiente carácter, compensa la falta de inmediatez producida por un tempo que, en principio, era demasiado lento.

En conjunto, fue un concierto de nivel, en el que el público pudo disfrutar de obras muy conocidas. Una banda como La Pamplonesa tiene que ofrecer cada cierto tiempo conciertos de este tipo, porque ayudan a hacer conjunto y preparan el terreno para poder interpretar las grandes obras para conjunto de viento de ayer y de hoy, de las que esperamos en abundancia en los próximos meses.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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