Haydn Beethoven Mendelssohn Trío Beethoven de Bonn 28/01/2015

Música de Cámara

 

Miércoles, 28 de Enero de 2015. Teatro Gayarre de Pamplona. Trío Beethoven de Bonn, (Mikhail Ovrutsky, violín; Grigori Alunyan, violonchelo; Rinko Hama, piano). Franz Joseph Haydn: Trío para violín, violonchelo y piano número 39 en Sol mayor, Hob. XV número 25, Op. 73 número 2, (Gitano), (1795). Ludwig van Beethoven: Trío para violín, violonchelo y piano número 1 en Mi bemol mayor, Op. 1 número 1, (1793). Felix Mendelssohn: Trío para violín, violonchelo y piano número 1 en Re menor, Op. 49, (1839). Concierto inscrito en el Ciclo de Grandes Intérpretes organizado por la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2014-2015.

 

Incluso en conjuntos de tamaño reducido, como los tríos o los cuartetos, es difícil encontrar agrupaciones compensadas. Siempre suele haber entre los componentes del grupo alguna individualidad que, bien por su carácter o por el papel que desempeña en la música interpretada por el grupo, tiende a destacar. Quienes han escuchado a muchos cuartetos de cuerda saben que el primer violín y el violonchelo suelen marcar la personalidad del grupo. Cuando en cualquier agrupación se incluye un piano, éste tiende a dominar a los demás, como bien observaba Schönberg al explicar por qué se había decidido a orquestar el Cuarteto con piano número 1 de Brahms. ¿Acaso es posible evitar que esto ocurra, aun en estos grupos tan reducidos?

Mientras escuchaba el firmante al Trío Beethoven de Bonn, la respuesta a esta pregunta parecía positiva. El Trío Beethoven es un conjunto de extraordinario nivel técnico y de homogeneidad de planteamiento absolutamente ejemplar. No parecía haber desencuentros entre los componentes, y salvo en contadísimas ocasiones, el nivel de compenetración fue realmente inhabitual. Todo esto con ideas interpretativas de claridad meridiana.

Sorprendió escuchar la interpretación del Trío número 39 de Haydn, sobre todo por su planteamiento de gran firmeza. No hubo concesiones al historicismo, pero sí una interpretación sobria, de gran coherencia interna y galante en el sentido justo. El Rondó final, que le valió al trío su sobrenombre por sus influencias zíngaras, fue tal vez lo menos bueno, porque las transiciones de tempo no fueron siempre exactas. Pero el virtuosismo demostrado por los tres, aun en ese movimiento, convenció plenamente.

Naturalmente, era de esperar que el Trío Op. 1 número 1 de Beethoven, en tantos aspectos tan influido por la obra de Haydn, alcanzaría un nivel similar. Pero en este caso los miembros del Trío Beethoven supieron mostrar los repentinos cambios de humor previstos por Beethoven, sin desequilibrar por ello la interpretación. Tanto el Allegro inicial como el Scherzo fueron verdaderas lecciones en esa materia, sin olvidar la naturalidad y la contención del fraseo en el tiempo lento.

Pero la confirmación llegó en el trío de Mendelssohn. Si ya habíamos observado que la contención clásica resultaba adecuada para el Trío Beethoven, la interpretación mendelssohniana fue de fraseo muy bien medido y de profunda poesía, sobre todo en un primer movimiento en el que la influencia schumanniana llegó a ser perfectamente perceptible. Sin que asomara el ego de ninguno de los tres intérpretes, fue una versión de construcción perfecta, que terminó con un final muy brillante. Después, a petición del público los intérpretes ofrecieron Oblivion de Piazzolla, sin la languidez habitual de otros conjuntos.

En suma, fue un concierto de magnífico nivel ofrecido por un grupo al que hay que seguir atentamente. Lo que escuchamos en el Teatro Gayarre fue el ejemplo perfecto de lo que debe considerarse Música de Cámara, con mayúsculas.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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