Reed Gotovski Valero 19/01/2015

Efecto Acústica

 

Lunes, 19 de Enero de 2015. Auditorio Fernando Remacha de la Ciudad de la Música de Pamplona. Banda del Conservatorio Superior de Música de Navarra. Josep Vicent Egea, director. Alfred Reed: Preludio para una fiesta, (1962). Ida Gotovski: Poema del fuego, (1978). Andrés Valero: Dredred, (1999). Alfred Reed: ¡Gloria a Jerusalén!, (1987). Concierto inscrito en las actividades académicas del Conservatorio Superior de Música de Navarra.

 

En verano y en invierno, las competiciones de saltos de esquí hacen furor en Europa central. Quienes lo practican se deslizan a lo largo de un trampolín de longitud variable a una velocidad de 90 kilómetros por hora, alcanzando distancias aparentemente imposibles. El actual récord mundial de vuelo fue establecido en 2011 por el noruego Johan Remen Evensen, que en el trampolín de Vickersund (Noruega) alcanzó los 246,5 metros.

Uno de los condicionantes más importantes en esta especialidad es el viento que sopla en cada momento. Se necesita viento de cara, moderado y estable, que ayude a que el salto alcance la distancia adecuada. Una vez empezado el salto, el viento es una circunstancia contra la cual poco se puede hacer, como no sea adaptarse de la mejor manera posible. Es algo parecido a lo que ocurre con la acústica en las salas de conciertos; nos viene dada, y los músicos tenemos que adaptarnos en la medida de lo posible.

En el concierto que nos ocupa, la Banda del Conservatorio Superior de Navarra interpretaba un programa que se iniciaba con el Preludio para una fiesta de Alfred Reed, una obra de gran lucimiento de metales en las secciones extremas, en donde no debería haber razones para escatimar intensidad sonora. No obstante, la acústica del Auditorio Fernando Remacha acentúa en exceso los fortes de los metales, de manera que una interpretación tan ajustada, como la que condujo Vicent Egea, llegó a hacerse molesta por momentos. En todo caso, las maderas mostraron su extraordinaria musicalidad en la sección central.

El Poema del fuego de Ida Gotovski es asimismo una obra extraordinaria, destacable por sus texturas impresionistas, que recuerdan en muchos aspectos a Ravel en la segunda de las dos secuencias que la componen. La obra funcionaría muy bien en muchas salas de conciertos, pero la acústica reverberante del Auditorio Fernando Remacha diluye muchos detalles de orquestación. A pesar de todo, los tempi lentos de Vicent Egea fueron cuidadosamente escogidos para reducir el problema, y sus músicos rindieron a magnífico nivel, particularmente en la segunda sección, en la que la vertiente lírica de la obra quedó claramente satisfecha.

La cima del concierto se alcanzó en el comienzo, ominoso e inquietante, de Dredred de Andrés Valero. Vicent Egea mostró su gran capacidad para crear climas de tensión, y condujo la interpretación con mano experta. Libres de restricciones, los músicos aprovecharon la ocasión para lucirse en una obra que funcionó mejor, teniendo en cuenta la acústica de la sala.

En ¡Gloria a Jerusalén!, Alfred Reed vuelve a demostrar su gran conocimiento de la escritura para banda de concierto, y Vicent Egea volvió a demostrar su pericia en un repertorio que él domina a la perfección. El mejor momento fue la última sección lenta, en donde las maderas se lucieron especialmente. En circunstancias normales, habría sido deseable mayor solemnidad en la sección final, con cierto carácter de himno, pero escuchar a los metales desatados tocando esta música con tiempos más lentos habría sido difícilmente soportable.

En conjunto, la Banda del Conservatorio demostró ser un gran conjunto que, guiado por una mano experta como la de Vicent Egea, puede alcanzar cotas de gran nivel. Sólo la acústica de la sala impidió disfrutar al máximo del concierto. Tal vez un poco más de contención por parte de los músicos habría sido deseable, pero en un repertorio como éste esa solución no es siempre satisfactoria. Y es que, al igual que con malas condiciones de viento poco pueden hacer los saltadores de esquí, así nos ocurre a los músicos cuando nos enfrentamos a acústicas complicadas.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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