Arantza Irañeta David Echeverría Vicent Egea 29/11/2014

Pasando un buen rato

 

Sábado, 29 de Noviembre de 2014. Teatro Gayarre de Pamplona. Arantza Irañeta, soprano. David Echeverría, tenor. Banda de Música La Pamplonesa. Josep Vicent Egea, director. Romanzas, dúos y fragmentos instrumentales de El tambor de granaderos, La bruja y Las hijas del Zebedeo de Ruperto Chapí, La Gran Vía de Federico Chueca, Gigantes y cabezudos de Manuel Fernández Caballero, El huésped del sevillano de Jacinto Guerrero, Moros y cristianos, La canción del olvido y Alma de Dios de José Serrano, El barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri, La Tempranica de Gerónimo Giménez, Don Manolito y La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal y El gato montés de Manuel Penella. Concierto organizado por la Banda de Música La Pamplonesa.

 

En una ciudad en la que las tradiciones tienden a permanecer, la costumbre por parte de La Pamplonesa de dedicar un concierto el día 29 de Noviembre a la zarzuela ha tenido una gran aceptación. En estos conciertos,  solía haber lugar para alguna recuperación interesante y, en todo caso, siempre se partía de un hilo conductor bien definido. También este año el éxito de público ha acompañado  al concierto, como lo prueba el hecho de que, en el caso que nos ocupa, el Teatro Gayarre mostrara una ocupación casi total.

En esta edición, se trataba de una gala lírica, en la que se ha contado con la participación de Arantza Irañeta y David Echeverría. Ambos ya habían colaborado con La Pamplonesa hace algunos años en otro concierto de zarzuela, y el programa era en esta ocasión muy parecido, compuesto por algunos de los pasajes más ilustrativos del repertorio zarzuelístico. Se abarcaba prácticamente toda la Historia moderna del género, desde su resurgimiento con Barbieri hasta su última madurez con Pablo Sorozábal. Pero componer un buen programa a base de romanzas de zarzuela tan conocidas sólo puede funcionar si se cuenta con cantantes adecuados.

Arantza Irañeta realizó una actuación muy completa. Fraseó con gusto y gran musicalidad ya desde su primera intervención, (escena de la carta de Gigantes y cabezudos), y supo adaptar con naturalidad la expresión y el lenguaje a lo exigido en las diferentes obras. En ese aspecto, fueron especialmente logradas las Carceleras de Las hijas del Zebedeo. Aunque al principio pudo faltar algo de proyección, poco a poco fue adaptándose al espacio y a las circunstancias, y fue merecidamente aplaudida por el público.

David Echeverría se mostró como un cantante musical, aunque técnicamente no muy ortodoxo y con cierta falta de brillantez en los agudos. En todo caso, también se le escucharon algunas actuaciones bastante meritorias, como el famoso “No puede ser” de La tabernera del puerto, en donde su emotividad resultó muy conveniente. Se creció en los dúos con Arantza Irañeta, particularmente en el de El gato montés de Penella.

La Banda de Música La Pamplonesa acompañó con diligencia a los cantantes, y Vicent Egea aprovechó con creces los fragmentos instrumentales. Fue extraordinaria la interpretación de la obertura de El tambor de granaderos y también la de la Marcha mora de Moros y cristianos de Serrano.

El hecho objetivo es que la tradición del concierto de zarzuela de La Pamplonesa ha funcionado. El público se reúne la tarde de San Saturnino en el Teatro Gayarre con la garantía de pasar un buen rato. Si la Pamplonesa sabe renovar el formato convenientemente a lo largo del tiempo, tiene el éxito asegurado.

Autor entrada: Xabier Armendariz

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