Cavalleria Rusticana María Luisa Corbacho Aquiles Machado Jose Miguel Pérez Sierra 8/11/2014

Emoción

 

Sábado, 8 de Noviembre de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Cavalleria rusticana: Melodrama en un acto con libreto de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci y música de Pietro Mascagni, estrenado en el Teatro Constanzi de Roma el 17 de Mayo de 1890. María Luisa Corbacho (Santuzza), Aquiles Machado (Turiddu), Juan Jesús Rodríguez (Alfio), Francesca Roig (Mama Lucia), Itxaso Moriones (Lola). Coro Premier Ensemble de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Gustavo Moral, dirección escénica. Jose Miguel Pérez Sierra, director musical. Producción presentada por la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera.

 

Cavalleria rusticana es una ópera muy particular por muchos motivos. Su extensión es muy inferior a la que habitualmente tienen los grandes títulos del repertorio, puesto que en solitario apenas sobrepasa la hora de duración. Al contrario de lo que solía ocurrir con las óperas de contenido trágico, los personajes no son dioses, ni héroes, ni nobles. Son personas humildes, que muestran sus pasiones a flor de piel y con una crudeza que era inhabitual en los escenarios de ópera. Es una obra muy intensa, particularmente en unos diez minutos finales extraordinarios. No obstante, el director musical debe saber cómo mantener la tensión en la primera parte de la obra, (hasta el dúo entre Santuzza y Turiddu, básicamente), y el reparto debe mostrar esas emociones, no ya en el escenario, sino con recursos puramente canoros. ¿Conseguiría la AGAO reunir todos los elementos necesarios?

Por lo que respecta a la dirección, no hubo ninguna duda. Jose Miguel Pérez Sierra es habitualmente un director que muestra oficio a la hora de acompañar a los cantantes, aunque su inspiración suele ser irregular. En todo caso, parece claro que el repertorio verista le interesa especialmente, (le recordamos también una Madame Butterfly excelente), y realizó un trabajo excepcional. Ya en la obertura introdujo el drama con fraseo magnífico por parte de la orquesta. Supo concertar con precisión, logrando un himno de Pascua grandioso, y logró evitar las posibles caídas de tensión. A pesar de que de manera poco oportuna se realizó un descanso de 15 minutos antes del famoso interludio orquestal, no tuvo problemas para volver a insuflar el drama en lo que siguió, y llevó la ópera con gran sentido trágico hasta su conclusión. Bajo su mando, tanto la orquesta como el coro interpretaron a su mejor nivel. Una labor, sencillamente, excepcional.

María Luisa Corbacho realizó una buena actuación como Santuzza. A la voz le faltó el metal necesario en los agudos para mostrar la vena más trágica del personaje, y en determinados momentos pareció que había más resignación de lo deseable en su retrato. En todo caso, Corbacho se creció en sus dúos con Machado y Rodríguez, y convenció plenamente a un público que le tributó una gran ovación al final.

Aquiles Machado fue un Turiddu de libro. La voz se mostró penetrante y heroica, y ya desde la serenata del comienzo de la obra fraseó con gusto y gran musicalidad, ofreciendo todos los matices del personaje. Al despedirse de Mama Lucia justamente antes de acudir al combate, incurrió en algún exceso melodramático, pero la emoción que transmitió fue indudable.

Juan Jesús Rodríguez mostró que posee una voz impresionante, un recurso indispensable para hacer un Alfio convincente. Se mostró especialmente acertado al retratar al carretero en la escena del desafío. Anteriormente, había cantado asimismo el prólogo de I Pagliacci de Leoncavallo, en donde resultó franco y decidido. Tanto Itxaso Moriones como Francesca Roig realizaron buenas actuaciones como Lola y Mama Lucia, respectivamente.

En conjunto, fue una muy buena función de Cavalleria rusticana, en donde los elementos musicales funcionaron a gran nivel. La mayor prueba de ello es que, en muchos momentos de la representación, hubo verdadera emoción, ese sentimiento indescriptible que nos embarga cuando nos sumergimos en un verdadero drama. Y en ópera, particularmente en una obra como Cavalleria rusticana, eso es lo que importa.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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