Orquesta de Cámara Budapest Strings 27/05/2014

Entre lo culto y lo popular

 

Martes, 27 de Mayo de 2014. Teatro Gayarre de Pamplona. Orquesta de Cámara Budapest Strings. Ferenc Erkel: Palotás. Leo Weiner: Divertimento número 1, Op. 20. Ferenc Liszt: Angelus, (1877). Márk Roszavolgyi: Tres czardas. Erno Donángyi: Ruralia Hungarica, Op. 32 B: Selección, (1924). György Orván: Música de baile para el conde Razumovsky. Johannes Brahms: Danzas húngaras, WWO 1, números 5 y 6. Bela Bartok: Danzas populares rumanas, SZ 56, BB 68, (1915). Ferenc Liszt: Rapsodia húngara número 2, S. 244 número 2, (1847). Concierto perteneciente al Ciclo de Grandes Intérpretes 2013-2014, organizado por la Fundación Municipal Teatro Gayarre.

 

En el siglo XIX, los compositores que trabajaron en Europa Central pudieron escuchar en su máximo esplendor a una serie de conjuntos de gitanos, que tocaban en las cafeterías y locales públicos de las ciudades, y que ofrecían música que ellos declaraban “folclórica”; como Bela Bartok supo percibir, en realidad no eran sino arreglos de canciones campesinas húngaras, rumanas o checas que ellos divulgaban “a su manera”. Eran músicos de un virtuosismo asombroso, y que tocaban con una espontaneidad que no dejaba indiferente a nadie. Brahms, Dvorák, Bartok, Liszt o Sarasate escribieron música inspirados por el estilo de estos conjuntos, obras que precisamente esas bandas han contribuido a propagar. Por suerte, no se ha perdido aún esa tradición. En muchos lugares, aún pueden escucharse pequeñas orquestas lideradas desde el primer violín, que incluyen además de los cordófonos habituales, instrumentos como el cymbalon, (un instrumento de cuerda tradicional de Hungría que se toca con un par de mazas), y el clarinete. Siguen improvisando con la misma perfección, y cuando tocan repertorio clásico con sabor folclórico, sigue sorprendiendo la espontaneidad que consiguen. Entre los principales virtuosos hay que destacar al violinista Sandor Lakatos, que sigue divulgando el folclore húngaro y el repertorio clásico afín por todo el mundo.

Los miembros de la Orquesta de Cámara Budapest Strings no son músicos de tradición folclórica, sino que han formado una orquesta convencional de cuerdas. En el programa que presentaban, había obras en las que la influencia del folclore es manifiesta, aunque se perciba en formas diferentes. Era preciso mostrar esa influencia al público, y en algunos aspectos el resultado era convincente.  Mostraron que distinguen bien, por ejemplo, las dos partes de la czarda, la danza popular húngara, caracterizando bien la sección lenta inicial o lassu, y la sección rápida final, o friss. A veces, se pudieron escuchar en el concierto que nos ocupa detalles particulares, como portamenti o pequeños “arrastres” que los violinistas y cantantes usan para ligar notas en grandes saltos melódicos, recurso característico en conjuntos folclóricos. Hicieron gala de un buen control del tempo y de un fraseo adecuado. Sin embargo, hasta muy avanzado el concierto el público no terminó de “conectar”. Faltaba ese aire espontáneo, esa capacidad improvisatoria que hace natural  este sabor folclórico. Esto fue claro en las piezas más cercanas al espíritu popular, como las dos danzas húngaras de Brahms o la rapsodia de Liszt.

Eso sí, también hubo momentos extraordinarios en este concierto. Fue sorprendente la Música de danza para el Conde Razumovsky de György Orván, una obra que refleja estilizaciones de algunas danzas modernas, y que poco tiene que ver con el Conde Razumovsky que fue uno de los principales protectores de Beethoven en Viena. Lo mejor fue la interpretación de las Danzas rumanas de Bartok y, en la primera parte, la del Divertimento de Leo Weiner, obras ambas en las que el trabajo compositivo sobrepasa la adaptación de melodías folclorizantes.

Fue un concierto de una orquesta muy profesional y técnicamente muy perfecta, pero la espontaneidad  necesaria  para buena parte de este repertorio hay que buscarla entre los conjuntos de música zíngara.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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