Coro del Patriarcado de Moscú 10/04/2014

Meditación para tiempos modernos

 

Jueves, 10 de Abril de 2014. Teatro Gayarre de Pamplona. Coro del Patriarcado de Moscú. Anatoly Grindenko, director. Obras anónimas de los siglos XVI, XVII y XIX, y obras de Sergei Rachmaninov, Pavel Chesnokov, Piotr Illyich Tchaikovsky y Alexander Grechaninov. Concierto inscrito en el Ciclo Grandes Intérpretes organizado por la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2013-2014.

 

Hace algunos años, una noticia asombró al mundo musical. De repente, un disco de canto gregoriano se colaba entre los discos más vendidos. La razón era evidente: el gregoriano, con su carácter etéreo y místico, se presta para la meditación, algo muy necesario en un mundo de estrés continuo. La mayoría de quienes compraron el disco difícilmente entrarían en una iglesia para asistir a una celebración y escuchar este repertorio en su máximo esplendor. Aislar el canto de su contexto les descubrió la capacidad de introspección inherente al repertorio, y resucitó el canto gregoriano en la conciencia popular.

Del mismo modo, el repertorio litúrgico propio de la Iglesia ortodoxa rusa, acumulado a través de siglos de tradición musical, se ha hecho popular en Occidente porque es una música que ayuda a la meditación y representa un soplo de aire fresco frente al “siempre lo mismo” de nuestra tradición occidental. El hecho de que asistamos a conciertos con este repertorio en un teatro como el Gayarre, cuya acústica es objetivamente demasiado seca para estos menesteres, nos parece de lo más natural. Y sin embargo, muchos habríamos preferido una situación algo más realista, probablemente en una iglesia convenientemente perfumada con incienso.

El concierto se abría con una música que hoy nos suena desconcertante. Estas obras anónimas de los siglos XVI y XVII nos resultan hoy de una modernidad extrema. Los conocedores de la música medieval las asociamos con los organa melismáticos del siglo XII, composiciones polifónicas en donde una voz canta un bordón mientras otra va trazando melismas y adornos. En este caso, había en varias obras polifonía a tres voces, provocando en ocasiones disonancias que hoy nos resultan sorprendentes. En otras obras, también se escuchó canto salmódico al estilo gregoriano, pero medido con cierto mecanicismo. Fue una lástima que el coro no diera lo mejor de sí en este repertorio, aunque se notó una progresión desde un comienzo tímido a un final más convencido.

Lo mejor llegó en la segunda parte, con la llegada del repertorio más moderno que todos asociamos hoy con el rito ortodoxo. Eran obras compuestas en algunos casos por los grandes compositores rusos de la música de concierto, como Rachmaninov y Tchaikovsky, que aquí destapan las esencias del estilo más auténtico de la tradición coral rusa. Los famosos octavistas, o cantantes que se encargan de la voz inferior y que llegan a extremos del registro inalcanzables incluso para los grandes bajos de ópera, tienen un papel decisivo, como bien mostró el Coro del Patriarcado de Moscú. Sin embargo, también los tenores realizaron una labor muy meritoria en general. Fue un placer extraordinario escuchar a este conjunto que desprendía autenticidad, aunque no contaba con las condiciones más idóneas para cantar este repertorio. De propina, se escucharon dos obras polifónicas de tradición oral, cantadas con mucho sentimiento a flor de piel.

En conjunto, fue una velada de atractivo indudable, en donde nos sumergimos en una tradición distinta a la nuestra; como tal es como hay que valorar estas obras, muy en particular las de la primera parte. Esperamos que muchos espectadores se hayan sentido atraídos por estas músicas, lo cual sería una gran noticia y un nuevo síntoma de la necesidad que hoy tenemos de pararnos a reflexionar y meditar.

 

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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